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En la incertidumbre encontraremos la libertad para crear cualquier cosa que deseemos“

Deepak Chopra

En el post de hace un mes os contaba mi experiencia como colaboradora en la Lanzadera de Empleo de Avilés. Uno de los ejercicios que hice con los chicos fue escribir en unos post-it los distintos tipos de emociones que la búsqueda de empleo les generaba, tanto antes de la Lanzadera como después de haber comenzado a formar parte de este proyecto.

El experimento, consistía en comprobar como somos capaces de transformar emociones negativas en positivas cuando trabajamos sobre ellas. La sorpresa fue descubrir que había una emoción recurrente y universal que se repetía a lo largo de todos los post-it: la incertidumbre.

Y me puse a pensar.

Incertidumbre como duda sobre lo que nos acontecerá. Miedo al futuro que nos golpea en nuestra línea de flotación: perder el control sobre nuestra vida.

Echando la vista hacia atrás, creo que nace con nosotros. ¡Felicidades ha sido niña y esta cosita de risa picarona es su incertidumbre! Lo que ocurre es que no somos conscientes de nuestra amiga imaginaria hasta más o menos la adolescencia, cuando tenemos que comenzar a planificar nuestro futuro a través de las decisiones que tomamos, con más o menos acierto, a la hora de elegir itinerario educativo.

Y a partir de este momento se instala en nuestro cerebro para no irse jamás. Alimentada por las descargas eléctricas de nuestros pensamientos más negativos, sacia su sed en la fuente de nuestros miedos y así poco a poco, en plan Atila, si nos descuidamos arrasa nuestras vidas.

Como madre, una de mis obsesiones ha sido educar a mi hija para que acepte la frustración y la incertidumbre, harto complicado cuando de jóvenes hablamos, pero creo que algo ha germinado en su linda cabecita.

Y esta es la base ¡aceptación! Es imposible, a no ser que seamos Aramís Fuster, predecir lo que está por venir. Tan sólo tenemos que levantar la cabeza de nuestras propias miserias y echar un vistazo al panorama nacional. Vivimos en un país que lleva siete meses con un gobierno en funciones. ¿Queréis más incertidumbre? Esto tiene múltiples implicaciones y más en una sociedad asediada, entre otros fantasmas, por una terrible tasa de desempleo y una crisis económica empeñada en no abandonarnos. ¿Y qué estamos haciendo? Gestionar la situación lo mejor posible. No voy a entrar en más debates respecto a este tema, lo que me interesa es situarnos.

Aceptación y gestión, esa es la clave. Es indudable que a lo largo de nuestro viaje por este curioso mundo nuestra amiga de la infancia va a estar siempre a nuestro lado. ¿Qué tal si en vez de considerarla una amenaza la convertimos en oportunidad? Sin ella no habría posibilidad de cambio.

Imaginemos un mal momento por el que todos hayamos pasado. Las opciones son dos, pensar que nunca lo vamos a superar o aceptar que como nada es seguro ni continuo tarde o temprano seremos capaces de hallar la forma de avanzar hacia la siguiente estación.

Si la vida fuese una cajonera en la que resultase imposible pasar de un cajón a otro, los sueños se quedarían en simples e imposibles quimeras. Sin embargo, estamos hablando de un laberinto oculto entre las paredes de la casa. Lo recorremos de un lado a otro, decidimos si salir en la biblioteca para darle un susto al abuelo que duerme plácidamente la siesta o tal vez subir por la escalera secreta hasta el ático a contemplar la lluvia de Perseidas. Todo cortesía de nuestra best friend Doña Incertidumbre.

Es labor de los padres, enseñarles a nuestros niños varias cosas. Que nada está escrito ni nacemos predeterminados. Que es imposible controlar el mañana, ya que miles son las variables fuera de nuestro alcance que lo pueden modificar. Que ésta situación de “no control“ lejos de resultar una verdad con tintes funestos es una hoja en blanco sobre la que escribir, una invitación a modificar todo aquello que no nos gusta o se aleja de nuestras metas.

Aprendamos a disfrutar del hoy, de este preciso instante es que estamos viendo anochecer en una pequeña playa asturiana, o asistiendo a un concierto de Ara Malikian y su extraordinario violín. Disfruta la sonrisa de tu hija, el aroma del pollo de tu madre, el beso de buenas noches de tu amor, la luna alumbrando tus sueños. Disfruta de los buenos amigos, de ese libro tan malo que has decidido terminar, de tu canción preferida. Disfruta el silencio, la soledad, el bullicio, los gritos y el alboroto de los chicos en el plaza jugando. De la reunión con tus viejos compañeros de clase. Del reencuentro con tus amigas de la infancia.

Disfruta porque vives. Vive porque disfrutas. Respira profundamente, atrapa el oxígeno, que te da la vida, en tus pulmones y retenlo unos segundo.

Vive, como quieras o puedas, ¡pero hazlo! Mañana llegará, ayer ya sucedió y hoy te mira frente a frente esperando que lo consumas.

Abre las puertas y ventanas, deja correr la brisa. Que el miedo al porvenir sea tan sólo ese leve movimiento de cortinas que te recuerda que nada es estático. Engalana tu mesa y frente a una copa de vino brinda con tu incertidumbre por aquello que tal vez nunca suceda. ¡O sí! ¿Quién lo sabe?

Muchas gracias por leerme incertidumbres mías desde el otro lado de vuestras pantallas.

Os dejo con Izal.

Fotografía: Pixabay.com

Entada original: http://www.lanuevarutadelempleo.com/Noticias/hola-soy-tu-incertidumbre

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