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Si ayudo a una sola persona a tener esperanza no habré vivido en vano”

Martin Luther King

Mi post de esta quincena no es mío.

Hoy no me llamo Susana.

Soy Carlota, Ana, Aurora, Irene, Mario, Rubén, Iván, Cristina, Leticia, Manuel, Miriam, Nuria, Paula, Armando, Diego, Paloma, Inmaculada, Sandra, Eva, María, Joana, Daniel, Alejandro, Sonia, Cristian.

Todos jóvenes y sobradamente preparados como decía el anuncio e integrantes de la Lanzadera de empleo de Avilés, Asturias. Hay más como ellos, repartidos por toda la piel de toro. Tienen muchas cosas en común y un objetivo compartido: reincorporarse al mundo laboral.

Las Lanzaderas son un magnífico proyecto de empleo y emprendimiento solidario promovidas por José María Pérez “Peridis” con el fin de ayudar a tantos y tantos jóvenes en la ardua tarea de encontrar un empleo, a través de la gestión colaborativa entre personas e instituciones.

Hace tiempo, cuando me certifiqué como coach decidí que debía ponerme al servicio de los demás, investigué en la gran “Telaraña Mundial” y me encontré de frente con algo con un nombre muy sugerente “Lanzaderas”. Descubrí que podía solicitar colaborar con ellos como voluntaria, y aunque en aquel momento no había ninguna activa en Asturias, me inscribí.

Pasó el tiempo y en cierta forma me “olvidé”, pero un día, suena el móvil y me dicen “Hola Susana soy Olga” ¡Anda, la misma Olga que escribe en La Nueva Ruta del Empleo, esa compañera rutera a la que desvirtualicé en Oviedo meses atrás en la presentación de un libro! Pues sí, era ella, así de imprevisible y redondo es el mundo. La técnica de la Lanzadera de Avilés y como ni nombre figuraba entre los interesados en colaborar pues ahí estaba, ¡llamándome!

Lo siguiente fue resolver qué día nos vendría bien a todos y qué podría aportarles a los chicos a través de la realización de un taller.

La pregunta del millón. ¿Qué decidió esta humilde redactora hacer, qué tema escogió? Venga, soy buena os dejo tiempo para pensar. Tic, tac, tic, tac… ¡Claro, bingo para el caballero del fondo a la izquierda! ¡Emociones! Concretamente la gestión emocional como impulsor de acción. O lo que viene siendo, como conseguir que tus emociones sean el vehículo a través del cual puedas conseguir tus objetivos.

No os voy a aburrir poniéndome a narrar lo que allí sucedió, porque lo importante no es lo que yo hice o dejé de hacer. ¡No! Lo abrumador es lo mucho que me llevé de allí.

La vida es así de curiosa. Crees que puedes aportar algo, que tal vez por un par de horas logres ser de utilidad a personas que están luchando día a día, codo a codo con emociones como el desánimo, la incertidumbre, el miedo, la pasión, la esperanza, la motivación o la pertenencia a un grupo y te encuentras con el irrefutable hecho de que ellos son los te aportan a ti. Te marchas con los bolsillos llenos y eso no te lo esperabas.

Colaborar, qué gran palabra. Para mí, se construye de forma bidireccional, es decir dar y recibir de forma completamente desinteresada. Tan sólo por el mero hecho de poder ayudar

Y ya llegamos al lugar en el que quería situaros, al punto de encuentro.

Cuando yo era joven, bueno a ver que lo sigo siendo, quiero decir cuando no me preocupaban las patas de kikirico y la gravedad no existía, siempre escuchaba que la juventud éramos esto, lo otro y lo de más allá. Las Hordas del Infierno para determinadas generaciones. Han pasado varias décadas y seguimos con los mismos mensajes apocalípticos: los jóvenes de hoy en día no tienen interés por nada, son unos antisociales que sólo saben relacionarse a través de las redes sociales, egoístas e incapaces de gestionar la frustración.

Os traigo una buena noticia, ¡no es cierto!

Y esto es precisamente lo que esta misma tarde, jueves 9 de junio de 2016 ha llenado mis alforjas. La constatación de que todas esas etiquetas no son más que fruto de una tradición milenaria que obliga a los más “experimentados” del lugar, so pena de arder entre llamaradas, a espolear el orgullo de los “nuevos”. Os lo explico más claramente, ¡es todo una novatada! en realidad padres y abuelos están orgullosos de hijos y nietos.

El grupo con el que me he encontrado es un equipo de ganadores sin duda alguna y jamás lo dudéis. ¡Nunca! ¡Ni en vuestro día de mierda! Sois grandes, como individuo y como colectividad. Capaces de superar cualquier obstáculo y de conseguir llegar a la meta. No importa el tiempo, ni que unos lo consigan antes que otros. Disfrutad el camino, abrid bien los ojos para no perder ningún detalle de la travesía. No dudéis de vuestras decisiones: “mi vida, mi decisión”.

Me quedo con esa necesidad de pertenencia a un grupo, de sentirse identificados con otros. Esto demuestra la total falacia de quien asegura que sois incapaces de socializar en la vida real.

Me llevo la generosidad de contarle a esta loca que se presenta con una cartulina toda pintarrajeada, vuestras emociones. La colaboración, el interés y que me saliera bien el experimento de las emociones en los post it -¡más majos los mis chiquillos!-.

Guardo como un tesoro vuestras aportaciones finales.

Gracias a todos por ser y estar.

¡Mucho ánimo en esta lucha y no os olvidéis de prestar atención a vuestras emociones!

Sin miedo a sentir y gestionando lo que en un primer momento puede resultar negativo para transformarlo en positivo. Ya sabéis: las emociones ni se crean ni se destruyen, únicamente se transforman.

Gracias a Olga por permitirme vivir esta experiencia a vuestro lado.

Y como siempre, gracias a todos los que estáis al otro lado de la pantalla leyéndome una vez más.

Os dejo con Dido.

Fotografía: Pixabay.com

Entrada original: http://www.lanuevarutadelempleo.com/Noticias/jasp-jovenes-aunque-sobradamente-preparados

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