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“El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”

Francisco de Quevedo

Último post de la temporada.

Tranquilos, ¡que no cunda el pánico!, en septiembre estaremos otra vez aquí.

Para finalizar este curso, quiero hablar de gratitud. Esa misma que siento hacia todos los que cada quince días desde diciembre me habéis regalado, desde el otro lado de la pantalla, vuestra compañía.

Siempre me ha gustado escribir, lo que ocurre es que una es ligeramente tímida, aunque no lo parezca, y me daba cierto reparo hacer pública mi afición. Mi propia familia tardó años en descubrirlo y lo hizo sin previo aviso, al leer una carta que publiqué en un periódico dedicada a mi hija.

Mi máxima ilusión era disponer de un espacio donde publicar periódicamente y un día La Ruta del Empleo cumplió mi sueño.

Al principio no tenía muy claro sobre lo que quería escribir, cual era mi sello personal, pero vosotros, poco a poco me lo fuisteis señalando y sin darme cuenta descubrí eso que se llama marca personal y la mía como no podía ser de otra manera, aunque yo no me había dado cuenta, son las emociones.

Y por este camino seguiré. Indagando, en lo más hondo de la consciencia o tal vez, de la inconsciencia humana. Tratando de dar un punto de vista positivo pero real, a todas y cada una de nuestras emociones, aprendiendo juntos a gestionarlas y a no agobiarnos cuando nos vemos superados por ellas. Compartiendo y aprendiendo juntos.

Durante este mes de ausencia, os deseo lo mejor, sea lo que sea.

Si tenéis vacaciones disfrutadlas. Si no las tenéis, paciencia.

Si podéis viajar y abandonar por unos días vuestra vida cotidiana, no desaprovechéis la oportunidad de conocer mundo más allá de vuestras fronteras personales. A los que no os lo podéis permitir, tendremos que buscar planes alternativos como por ejemplo vivir sin reloj.

A los que ahora mismo no tienen un empleo del que tomarse unas vacaciones, mucha fuerza para continuar con ese arduo, duro y a veces cruel trabajo que es buscar un puesto remunerado y digno.

El verano, agosto en concreto, es una época en la que todo se paraliza. Los juzgados “congelan” su actividad, las decisiones de compra se convierten en “vuelve en septiembre” -para desesperación de lo que como yo trabajan de comercial-, los hospitales cierran camas -un sinsentido que no consigo entender- los niños duermen la mañana -algunos para desesperación de padre y abuelos ni en verano pero bueno- y así el universo se adormece durante treinta días más uno.

Y luego, de repente la rutina nos invadirá de nuevo en el mes de la locura, también conocido por mí, como la verdadera cuesta de enero. Sólo tenéis que mirar la factura de los libros de texto, material escolar, uniformes, ropa de los chiquitines que de repente han dado un estirón y un largo etcétera.

Justo ahí, cuando todo se reconecte, los ruteros volveremos a comunicarnos con vosotros. A disfrutar de vuestra compañía.

Yo emplearé mis quince días de vacaciones en navegar por mi interior, olvidarme de las horas, los minutos y segundos. Disfrutar del silencio de mi casa. Siendo sincera, esto mientras mi querida hija duerma ya que cuando esté despierta hablaremos largo y tendido del futuro, su futuro, nuestro futuro y aprenderemos a gestionar juntas nuestra incertidumbre y la importancia de vivir el hoy. Nos tomaremos algo a la salud de nuestras expectativas y no invitaremos a las decepciones.

Quince días, madre e hija juntas.

Una vez más, gracias por leerme desde el otro lado.

Os dejo una canción que me gusta muchísimo.

Fotografía: Pixabay.com

Enlace original: http://www.lanuevarutadelempleo.com/Noticias/sencillamente-gracias

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