castle-1583281_1280

Pixabay.com

 

Este año he decidido “crecer” a base de recomendaciones.

Cuando te marcas un objetivo, es muy importante descubrir en tu entorno, a todas aquellas personas que ya han han recorrido antes que tú ese camino y dejarte ayudar, mentorizar por ellas. En ello estoy.

Una de estas recomendaciones, fue visualizar en Youtube un video de Daniel Goleman, hablando de inteligencia emocional.

Un tema que me apasiona, pero en el que me muevo a base de conocimientos básicos e intuición.

Daniel Goleman es un psicólogo estadounidense, un referente en el campo de la inteligencia emocional. Afirma que es un error pensar que la cognición y las emociones son dos cosas totalmente separadas ya que se trata de la misma área cerebral y por tanto, una adecuada gestión emocional ayuda a mejorar nuestro aprendizaje.

En este video que comparto con vosotros, y os recomiendo encarecidamente, Daniel hace referencia a un término acuñado por él y que conocía muy superficialmente “Secuestro Amigdalar”. Se trata de un secuestro emocional, en el que tus emociones te dominan y eres incapaz de actuar racionalmente, lo que coloquialmente conocemos como perder los papeles.

eqbrain_optical_stim_en

By ManosHacker (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)%5D, via Wikimedia Commons

El secuestro amigdalar no es algo extraño, todos en algún momento y en mayor o menor medida hemos experimentado estos episodios, sobre todo los niños pequeños que aún no saben gestionar adecuadamente sus emociones. El nombre deriva del hecho de que la amígdala, situada en el cerebro, es la encargada de regular nuestras emociones, o sea es nuestro termostato emocional.

Horas después de disfrutar el video veo en Facebook que una amiga, caracterizada primero por poseer una gran capacidad de comunicación y segundo por un enorme sentido de la justicia, lo que la lleva a no emitir juicios sobre nada ni nadie tan sólo a dar su opinión, ha provocado el secuestro amigdalar de algunos de sus contactos. Ella se ciñó a compartir una fotografía y dar su opinión sobre la imagen. La respuesta no se hizo esperar, algunas personas no coincidieron con ella y así se lo hicieron saber, pero desde el más absoluto respeto, porque una de las mayores grandezas que posee el ser humano es la capacidad para confrontar opiniones, sin que nadie se pueda llegar a sentir molesto y así enriquecernos todos un poco más. Ahora bien, dicha grandeza se puede tornar en miseria. Y esto es lo que ocurrió con aquellos que no supieron leer, o no entendieron el mensaje.

Mi amiga, se sintió mal. Pensó que había sido culpa suya, quizá no se había expresado bien, no había sido capaz de transmitir su mensaje. Por supuesto, nada más lejos de la realidad querida mía.

El video más lo que os acabo de contar, me llevó a meditar sobre la comunicación y las redes sociales, porque me di cuenta que estas son las que a mí me provocan un mayor número de secuestros.

Lo ocurrido a mi amiga, no es un caso infrecuente. Todo lo contrario, se está convirtiendo en un hecho que se repite con demasiada asiduidad. Comentarios fuera de tono, incluso groseros de personas con las que te une una relación estrecha, bien sea en la distancia virtual o en el cara a cara diario.

 

En la gran telaraña mundial existen los Trolls, que son aquellas personas que usan el anonimato para publicar y difundir mensajes irritantes con el único fin de molestar. Pero yo, si me lo permitís, me quiero centrar en aquellos que para nosotros tienen nombre, apellidos y rostro.

Comienzo con mis eternas pregunta: ¿tan difícil resulta opinar sin insultar o herir? ¿Tan complicado resulta defender tu postura sin despreciar la del contrario?

La comunicación en las redes tiene un hándicap, algo que hoy comentaba con otro gran amigo, Héctor Trinidad, autor de Cambia para Cambiar el Mundo y experto en Comunicación. Me explicaba -cito textualmente- “El 85% de la comunicación es no verbal, solo el 15% es qué dices y ese 85% cómo lo dices, y en el cómo interviene todo: la mirada, la sonrisa, el tono, la postura. Por eso la comunicación sin interacción física debe ser muy estudiada, para que no haya interpretaciones erróneas“. Es decir, nos falta ver a la otra persona y de ahí que a veces todo se pueda mal interpretar.

Ahora bien, esto jamás debe ser una excusa. La compostura y la educación no conocen de distancias ni medios.

En el proceso de comunicación intervienen varios componentes:

 

  • Emisor, persona que emite el mensaje

  • Receptor, persona que lo recibe

  • Mensaje, información o idea que se transmite

  • Canal, medio por el que se envía el mensaje (redes sociales en este caso)

  • Código, signos que se usan para crear el mensaje (escrito)

  • Contexto, situación en la que se produce el mensaje

 

Si uno de ellos falla, el mensaje se desvirtúa. Puedo no explicarme bien o también podría suceder que tú no me entiendas por muchos motivos: porque el canal no sea el adecuado, el código ininteligible o el contexto inadecuado. Pero lo que no pueden fallar nunca son las normas de convivencia. Me parece intolerable, y así os lo digo, que porque alguien no esté de acuerdo con otra persona el ataque sea la respuesta. ¡Inaceptable!

Es todo tan sencillo como comunicarse en base a un respeto absoluto. Oye Susana no estoy de acuerdo con lo que dices, yo lo veo así y asá, ¿qué te parece? Puede incluso que tenga una postura irreconciliable con otra persona a la que admiro e incluso quiero y eso no es impedimento para que sigamos respetándonos y admirándonos mutuamente.

¿Qué hacer si te secuestran la amígdala y no tienes dinero para el rescate?

Así entre nosotros, ahora que estamos cómodos hablando, yo no sé qué dirán los expertos pero sí lo que hago yo.

En alguna que otra ocasión, para qué vamos a engañarnos nadie es perfecto y yo la Reina de la Imperfección, sacar los pies del texto y dejarme llevar ¡¿Verdad querida hija mía?! En otras, hacer uso de mi gestión emocional y tratar de averiguar qué es lo que ha provocado mi arrebato emocional, ser consciente de qué es lo que realmente me molesta, aunque yo esté en el centro de esa consciencia, pues en ocasiones nuestra personalidad, creencias, experiencias vividas nos puede jugar una mala pasada y mal interpretar los mensaje.

Descubrir qué es lo que me ha herido, si es algo que me concierne exclusivamente a mí, o sí  por el contrario es algo sobre lo que yo no tengo control como por ejemplo, tal y como os dije antes, los malos modos o las incongruencias en las actuaciones -otro gran secuestrador de mi amígdala-, es decir aquellas personas que no se corresponde el mensaje que difunden con lo que a ti te muestran o han mostrado.

Todo lo que provenga de nuestra persona hemos de ponerle remedio, aceptar que no somos perfectos y tratar de limar esas aristas, que al fin y al cabo a los que arañan es a nosotros mismos.

La otra posibilidad, la ajena a nosotros, también tenemos capacidad para atajarla. No vamos a negar que existen hechos o situaciones sobre los que no tenemos control, pero sí sobre la forma en que nos afecten. Y aquí entono un gran mea culpa. Hay personas que nos decepcionan pero ¿y si nuestras expectativas eran erradas? ¿Qué ganamos con dejarnos secuestrar? ¿No será mejor asumir la realidad y seguir adelante?

Y a vosotros, ¿quién o qué os secuestra la amígdala?

De nuevo os doy las gracias por estar al otro lado de vuestras pantallas. Sin vosotros yo, no podría existir.

Anuncios