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“Prefiero morir de pie a vivir arrodillado” Esta frase, acuñada bajo la figura del Che Guevara en multitud de productos de lo que ahora se denomina “merchandising”, que para los admiradores de la lengua de Cervantes no es otra cosa que publicidad, fue pronunciada anteriormente por Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, presidenta del Partido Comunista, en sus discursos durante la Guerra Civil española. Pero antes que ella, ya lo había hecho Emiliano Zapata, uno de los líderes de la Revolución Mexicana.

Y sigo con frases, también de Emiliano Zapata.

“Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres” o esta “El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre pero que no grite cuando lo pisen”.

Todos en la vida tenemos libertad de decisión. Otra cuestión muy distinta es optar por la más adecuada. ¿Y cuál es la decisión adecuada? ¡Ahí está la dificultad! Depende de tu escala de valores.

Parece pues que hoy hablamos de libertades. ¿Tiene límites la libertad? ¿Tiene interpretaciones? ¿Quién decide la línea divisoria entre lo que es libertad o libertinaje?

A grandes rasgos, yo os diría que el bien común es la máxima autoridad en esta materia.

Según Aristóteles el hombre es un animal político, en tanto en cuando necesita de los otros. Es un ser imperfecto que busca la comunidad para sentirse completo. Nos introducimos pues en el concepto del hombre social, en el concepto global y aglutinador de la comunidad. Continuando con Aristóteles, define las cuatro características de una comunidad:

  1. Causa material: pueblos, hogares…
  2. Causa formal: sistema que ordena la relación entre las partes que conforman una comunidad.
  3. Causa eficiente: referida al propio desarrollo natural de la comunidad, como ser vivo que es.
  4. Causa final: propósito último de la comunidad, que no es otro que alcanzar el bien soberano, o sea la felicidad.

 

 

 

 

Si nos vamos a la causa formal, no es complicado interpretar que ese sistema no es otro que la justicia. Y según la filosofía aristotélica para llegar a la justicia debemos poseer virtudes, a las que define como “hábitos que nos permiten actuar en la vida eligiendo”.

Con este breve recorrido histórico quiero demostraros que una de las características del ser humano es la búsqueda del bien. De lo correcto. De la justicia. Pero, ¿qué ocurre cuando parte de la sociedad se corrompe? Si como comunidad que somos  prevalece el bien particular sobre el común, ¿adónde nos dirigimos cuando obviamos cualquier tipo de ética o moralidad y salvamos nuestro propio culo aún a costa de ser la mano que apriete la horca del vecino?

Vivimos una situación crítica, pero no os engañéis la culpa es nuestra. Nos hemos convertido en animales ciegos y sordos. Miramos a otro lado, mientras pensamos “menos mal por ahora me he librado yo”. Bordamos los estandartes de la injusticia social a vainica doble con frases como “¿qué otra cosa puedo hacer?”.

Pues te voy a contentar, léeme bien ¡PUEDES DECIR NO!

Pero claro, tienes que ser valiente y no tener miedo a nada ni a nadie. ¿Prefieres morir de pie o vivir de rodillas? Tú eliges, ahora bien te aviso, hazte cargo de las consecuencias de dichas decisiones. ¿Quieres ser águila o gusano?

Llámame revolucionaria o lo que te venga a la cabeza, pero yo elijo morir por mis principios. Ya de morir, al menos por algo que merezca la vida.

Mi madre me decía ayer, todo lo que vuestros abuelos han luchado, toda la sangre vertida, el esfuerzo, todo lo estáis perdiendo por miedo. Susana, los humildes no tenemos dinero pero nadie nos roba la dignidad ni el orgullo

¡Esa es mi madre, sí señora!

La dignidad y el orgullo. Cuando nada tengo que perder, es lo único que me queda y mi deber como ciudadana de esta comunidad es decir NO, a las amenazas. NO, a las coacciones. NO, al maltrato. No, al acoso. NO y NO.

Quítamelo todo. Despójame de los bienes materiales. Niégame el vil metal para comer y alimentar a mi hija. Ponme en una situación precaria, en riesgo por no pagar las letras del banco. ¡Es lo único que está en tu mano hacerme, hacernos!

Queridos míos somos, sois mucho más que una cuenta corriente. Somos personas y debemos perder el miedo a defender nuestra dignidad. Sí, tenemos que comer, pero ¿de verdad vamos a vender nuestra alma a Leviatán por un mendrugo de pan?

Miraos todos al espejo, ¿qué veis? Os lo digo yo. Grandes personas, con una valía excepcional para hacer frente a las situaciones más denigrantes. Seres humanos luchadores por lo que corre sangre de todos esos fusilados y abandonados cual bestias en anónimas cunetas. Somos los nietos de esos mineros que hicieron temblar la tierra asturiana al grito de sus protestas. ¿Vamos a permitir que todo haya sido en balde?

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Fuente de la imagen

 

Fuera miedo. Sed valientes. Seamos valientes.

Esto no se soluciona torciendo el gesto, ni mirando cada uno para su propio ombligo. No olvidéis que vivimos en una comunidad, que como Aristóteles explica tiene un sistema de justicia que vela por la supervivencia de dicha comunidad. Y no hablo de la justicia del Estado, hablo de la de los hombres. De la justicia que nace de las virtudes, de los ideales, del sistema ético y moral, de la escala de valores de cada uno de nosotros.

Si todos los componentes de una comunidad, sea la que sea, tienen claro qué es justicia y qué no lo es. Si todos se niegan a entrar en el juego de la estafa. Si todos a una arriman el hombro en contra de la opresión, sin duda alguna de las tumbas de los cementerios saldrán cánticos de victoria, porque los nietos han aprendido la lección.

Tú decides. Yo ya lo he hecho y no ha sido fácil.

¿Qué has decidido Susana? Quedarme con la dignidad y el orgullo que no alimentan el cuerpo material pero sí el alma. Demostrarle a mi hija con hechos, lo que le llevo inculcando con palabras desde que nació. Recurrir a mi comunidad, contarles mi problema y mi decisión. Porque no estamos solos, Comunidad = individuos. ¡No estáis solos no lo olvidéis!

Como seres humanos tenemos muchos defectos, yo la primera. Pero una gran virtud y es la de pertenencia al grupo. Esa que moviliza a toda tu gente cuando estás en peligro. Y ellos, los tuyos, amigos, familiares y conocidos, son los que tejen rápidamente una red protectora bajo tu cuerpo para amortiguar la caída. Los que te sujetan.

No lo olvidéis, ¡NO ESTAMOS SOLOS!

Para terminar, admitir que estoy muy emocionada hoy escribiendo este post. Que va dedicado a los míos, a mi gente. Vosotros sabéis bien quienes sois, familia y amigos, todos los que me habéis demostrado tanto en tan poco tiempo. Gracias infinitas, por ser y estar.

Hoy más que nunca. Yo, sin vosotros no podría existir.

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