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solidaridad

La Real Academia Española de la Lengua Española define la solidaridad como la adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otros.

La Sociología, ciencia que trata de la estructura y funcionamiento de las sociedades humanas, la define como la acción o principio moral con el que una sociedad hace causa común a un hecho o suceso que considera adverso. Sería una especie de conciencia colectiva que proteja la comunidad de la que hablábamos en el post anterior “Elijo ser libre” . Si recordáis, Aristóteles definía esta comunidad con cuatro características y una de ellas era la formal o sea la justicia que nace de las virtudes, de los ideales, del sistema ético moral, de la escala de valores de cada uno de nosotros y por supuesto de la colectividad. La solidaridad sería pues una de estas virtudes.

Si yo grito SOLIDARIDAD, sin falta de decir nada más casi seguro que en la mente de quien me escuche se fraguarán imágenes de catástrofes, miseria, necesidad, ONG, campañas, donaciones y casi siempre con un concepto geográfico de lejanía.

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Pixabay.com

Cierto, eso es solidaridad, compartir lo que tienes, poco o mucho, con quien nada posee. Ahora bien, yo quiero ir un poco más allá. Analizar este concepto en otra dimensión. Más emocional. ¿Qué raro Susana hablando de emociones? ¡Es lo que hay queridos míos!

 

Somos solidarios cuando entregamos el sobre del Domund en la parroquia. Cuando enviamos un SMS para alguna causa, cuando donamos en la farmacia en la hucha contra el cáncer, cuando colaboramos en la Operación Kilo de nuestro supermercado, cuando acudimos a limpiar la playa de nuestro pueblo, cuando ayudamos en la búsqueda de un desaparecido, cuando donamos médula o sangre, cuando acompañamos a un anciano en su solitaria tarde en su residencia geriátrica, cuando ayudamos a un niño sin recursos con las ecuaciones de segundo grado… Solidaridad económica o solidaridad de tiempo.

Y luego está la otra solidaridad, la emocional.

¿A cuántas personas conocéis que están pasando por un mal momento? Personas que viven un conflicto o problema para el que no tenéis ni solución ni ayuda. ¿Qué hacéis en estos casos? ¡Exacto, brindarles vuestro apoyo, darles vuestro cariño!

¡Solidaridad emocional!

Tenemos cierta tendencia a quedarnos siempre en lo material. Evaluamos o etiquetamos la felicidad en relación al concepto de bienes materiales que el otro posee. Rico igual a feliz, pobre igual a ¡nació estrellado! Nada más lejos de la realidad.

Yo no puedo definir la felicidad, pues entiendo que es personal e intransferible. Cada persona es un pequeño cosmos que se rige por sus propias reglas, entre ellas la de calificar la felicidad. Pero sí puedo constatar, que aquellos individuos de la comunidad de Aristóteles, que menos necesitan para vivir, son los más felices, ergo los bienes no son directamente proporcionales al nivel de satisfacción vital.

Vamos a decapar al hombre, a cualquiera. Macho o hembra me es indiferente. Le quitamos su casa, su coche, su móvil, su portátil, sus joyas, su ropa, los zapatos, lo dejamos desnudo y vulnerable. ¿Qué le queda? ¿Consideráis que es un desgraciado que lo ha perdido todo? Yo os contesto: depende.

Depende de su gente, de esa a la que también hacía mención al final de mi anterior post. Depende de la ola de solidaridad que se genere a su alrededor. Este hombre, antes rico, muy rico, archimillonario. Ahora que carece de todo, solos su piel y él frente al mundo ¿tiene familia?, ¿amigos?, ¿conocidos?

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Propiedad de Susana Álvarez

 

 ¿Entendéis por dónde voy? ¿De qué te sirve lo material si todo a tu alrededor está fundamentado en su existencia? ¿Quién es el más rico del cementerio? ¿Aquél que tiene la lápida más lujosa? ¿O quizás el humilde anciano que ni su nombre tiene grabado sobre el mármol porque costaba demasiado, pero con flores frescas, una esposa que lo echa de menos y besa sus fríos restos, la hija que acude a hablar con él? ¡En serio, ¿quién es archimillonario en el cielo de los justos?!

Cuando nada tienes, cuando los problemas se han puesto de acuerdo para tomar el té de las cinco contigo, cuando las piedras del camino cobran vida y se colocan delante de tu puerta, cuando parece que el Universo se ha conjurado en tu contra es cuando cobra mayor importancia la bendita solidaridad emocional. Esa corriente de energía en la que tu comunidad hace frente común ante la injusticia de la vida y te arropa.

Solidaridad emocional es un abrazo, una sonrisa, un estoy aquí no estás solo. Solidaridad emocional es cabrearse contigo, confabular a tu lado para salir juntos de este escollo. Solidaridad emocional es estar con la antena parabólica puesta las veinticuatro horas del día y enviarle un mensaje a quien ni siquiera has desvirtualizado aún y ofrecerle información que le ayude en su problema. Solidaridad emocional es darte un contacto. Solidaridad emocional es creer en ti. Solidaridad emocional es ofrecerte para acompañar a tu prima y no dejarla sola. Solidaridad emocional es llamar a tu hermana si estás lejos geográficamente. Solidaridad emocional es ese correo de tu amiga al otro lado del charco. Solidaridad emocional es la ocasión de demostrar que tus palabras en el pasado no se quedan en eso, en meras consonantes y vocales tan mal hilvanadas que la primera borrasca se las lleva. Solidaridad emocional es no dar por hecho que tener un problema te convierte en un ser hundido. Solidaridad emocional no es caridad mal entendida. Solidaridad emocional es SER Y ESTAR.

Ser rico y feliz es poseer la capacidad de generar solidaridad emocional a tu alrededor. El cuerpo se nutre a base de alimentos, pero de esos me encargo yo. El alma se nutre de amor ¿qué tal si tu me provees de él?

Una vez más muchas gracias por estar al otro lado de vuestras pantallas.

Yo, sin vosotros no podría existir

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