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La inspiración para escribir me viene de la vida misma.

Como escritora -¡qué trabajo me cuesta denominarme así! es algo que debo trabajar- poseo una imaginación desbordante. Cuando el tiempo asturiano lo permite, me gusta sentarme en un banco o en una terraza y observar a la gente. Las huellas de vida en sus rostros, e imaginar la historia que hay detrás.

Toda esta información que mis sentidos recogen a lo largo del día, se va procesando inconscientemente en mi cabeza de  rizos locos y se hace consciente, a modo de idea para un nuevo post, justo en el momento en que navego camino al país de los sueños, o sea, cuando me estoy quedando dormida.

Hace unos meses, leyendo la revista Objetivo Bienestar conocí el concepto Ikigai en el artículo ¿Quieres vivir mejor? Busca tu Ikigai. Me quedé con la esencia pero no profundicé mucho más hasta que leí otro, en la misma revista, hace una semana. (Referencias al final del post).

Resumiendo en una frase el Ikigai es hacer aquello que te apasiona y se te da bien para darle un sentido a tu vida. El mío por ejemplo es escribir y mi objetivo convertirlo en mi medio de vida para alcanzar, de este modo, la plenitud máxima. Si lo consigo ¡estupendo! Si no lo consigo, ¡habré tenido un sueño por el que luchar!

En el último de los artículos, “¿Cuál es tu Ikigai?”, habla de la importancia de las decisiones que tomamos, dice textualmente: “Estas decisiones son cruciales porque nos cambian la vida para siempre. Para saber lo implicados que estamos en nuestro futuro debemos analizar cómo hemos llegado donde estamos”. Volved a leer la frase pero más despacio, con detenimiento, palabra a palabra. ¡Decisiones, ahí es nada!

Mi pensamiento es muy enrevesado, comienza en un grano de arena y enlazando termina en la vajilla de la familia real inglesa. Esta frase me tocó muy hondo, había algo en ella que me arañaba los ojos pero no era capaz a identificarlo. Pasaron los días y de repente me vino, sin motivo alguno, una frase a la cabeza: y tú vives ¿o solo pasabas por aquí?

Confieso que durante varios años, entre los veintiocho y los treinta y uno, simplemente me dejaba llevar por mi existencia. Mi lema era, que pase lo que tenga que pasar. Me sentía frustrada, triste y a pesar de mi juventud creía que no estaba haciendo nada de provecho. Por supuesto querida hija, cuando me leas, sabes que tú no entras en este pensamiento nefasto ya que has sido, eres y serás para siempre el faro que me ilumina. ❤ 

Teatrera lo he sido siempre. Recuerdo una tarde, iba caminando hacia mi trabajo -acababa de entrar en la treintena- y hastiada miré al cielo y le grité: ¡Dios haz algo, mándame una señal! Y me la mandó, ¡vaya si me la mandó el muy obediente! A los pocos meses mi vida dio un giro inesperado y no tuve más remedio que tomar decisiones. Fue lo mejor que me pudo pasar.

Llevo desde entonces de decisión en decisión y tiro porque me toca. Algunas, sobre todo en el último año, han sido duras, pero es mi vida y yo llevo el timón.

¿Y vosotros? ¿Vivís o tan solo visteis luz y entrasteis a saludar?

Vamos un poco más allá, que me gusta liar la madeja más que si fuera un gato. Partamos de la base de que todos somos el capitán de nuestro barco. ¿Navegamos por la ruta que hemos trazado, sin desviarnos, o tenemos en cuenta al resto de naves? Es decir, ¿somos capaces de tomar decisiones que quizá nos hagan variar ligeramente de rumbo pero evita que provoquemos el naufragio de otro?


¿Alguna vez has sido testigo mudo de una injusticia? ¿Has mirado para otro lado o adoptado la posición de la avestruz mientras pensabas ¡qué a mí no me toque!?


Está muy bien descubrir tu Ikigai, lo aplaudo, pero para conseguirlo medita tus decisiones y cómo van a afectar a tu entorno. No todo vale, el fin no justifica los medios.

Como filosofía de vida -de origen japonés como ya habréis deducido- implica tener en cuenta el de los demás y ayudarles a conseguirlo. Regirse por una ética que luche contra las desigualdades y las injusticias. Quitarse la venda de los ojos y los tapones de los oídos. Decir NO a quien trate de vulnerar tu libertad, la de tu amigo, la de tu vecino, la de tu familia. En una palabra, ser valiente.

Y tú, ¿vives o sólo pasabas por aquí?

Muchas gracias por estar ahí. Yo, sin vosotros, no podría existir ❤

R. Dot, A. (2017, 7 de noviembre) ¿Quieres vivir mejor? Busca tu Ikigai. Objetivo bienestar. Http://www.objetivobienestar.com

Gomis, C. (2018, febrero) ¿Cuál es tu Ikigai? Objetivo Bienestar. Nº 40. P. 84/89

Fotografías de Pixabay.com

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