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He de confesar que tardé años en darme cuenta que no me habían maldecido al nacer  sino todo lo contrario.

Existen personas con una capacidad extraordinaria de emocionarse. Lamentablemente según qué tipo de emoción la sociedad lo puede etiquetar como debilidad. Era lo que me sucedía a mí y llegué a creerlo.

Pasaron los años y con ellos llegó la madurez y las vicisitudes propias de la vida.

Descubrí que esa emoción a flor de piel me ayudaba a superar obstáculos, aún no sabía poner nombre a todo aquello pero supe que llorar para mí era un bálsamo. Una vez hasta me entretuve en etiquetar mis lágrimas, pues me afloraban no sólo por tristeza sino también cuando sentía, alegría, sorpresa, ira, rabia, impotencia, admiración o cualquier otro tipo de emoción que me impactase como un misil en el centro neurálgico de mi ser.

Mis emociones fueron creciendo y madurando a la vez que mi cuerpo.

En la niñez era incapaz de controlar las lágrimas y brotaban en cualquier lugar y situación -como casi cualquier niño-. En la adolescencia y la edad adulta aprendí a controlarlas en público si no era el momento adecuado. Como he dicho en anteriores artículos creo firmemente en la necesidad de sentir, pero no en la exposición innecesaria u obscena -repito mucho esta palabra pues desgraciadamente, a la par que socialmente se coarta la expresión emocional por otro lado, se utiliza impunemente para según que fines-.

En la última fase de este proceso de maduración y cuando ya fui consciente del “tesoro” que poseía descubrí que lo que yo hacía era gestión emocional. Es decir, utilizaba mis emociones, tanto las negativas como las positivas, como herramienta de vida. De vida personal y profesional.

que es una emocion

Una emoción es una respuesta de nuestro cuerpo a un estímulo externo. Esta respuesta, nos explica la ciencia que se da en tres niveles.

Nivel neurofisiológico: sudoración, palpitaciones, cambios en el tono muscular, es la que nos permite darnos cuenta que estamos experimentando una emoción. Un ejemplo, cuando vemos a esa persona que nos gusta, ¿qué sucede? Las famosas mariposas en el estómago y ese no sé qué, que qué sé yo que nos emboba. 

Nivel comportamental: es la expresión emocional de lo que estamos sintiendo, nuestro lenguaje no verbal: tono de voz, la posición del cuerpo, la mirada. En el ejemplo del buenorro o buenorra es sencillo el coqueteo, esa caída de pestañas, la risita tonta. Bueno… excepto las inútiles como yo que no nacimos para coquetear, al menos conscientemente.

Y el tercer nivel es el cognitivo: soy consciente de lo que estoy sintiendo -llamaradas de pasión- soy capaz de ponerle nombre -atracción- y aquí es cuando pasamos de la emoción al sentimiento -amor- es decir, el sentimiento es la emoción hecha consciente. Se diferencian básicamente en la durabilidad y la intensidad.

Las emociones son más intensas y duran menos en el tiempo que los sentimientos. Siguiendo con el ejemplo del amor, sería inviable vivir permanentemente ese estado de atontamiento del inicio. Ocurren de forma instantánea, no se pueden controlar. El sentimiento, como hemos visto anteriormente requiere un proceso de maduración y al ser consciente se puede llegar a controlar.

Ya sabemos lo que es una emoción e incluso la distinguimos de los sentimientos.

¡Cuántas emociones existen_

Vamos a enumerar todas las emociones negativas que se nos ocurran y tratar de inferir si existe algún motivo para que sean muchas más que las positivas: vergüenza, celos, envidia, desprecio, ira, indignación, asco, tristeza, amargura, frustración, infelicidad, desgana, sufrimiento, aburrimiento, desaliento, nostalgia, miedo, hostilidad, impotencia, cólera, furia, exasperación, temor, terror, susto, enfado, recelo, fobia, estrés, nerviosismo, angustia, ansiedad.

La causa tiene relación con el instinto más primitivo, el de supervivencia. Las emociones negativas, ¿cuándo las sentís? Exacto ante una amenaza, pérdida, o cualquier situación que interpretamos como de peligro. Ellas nos ayudan a movilizarnos a afrontar dicho peligro y sobrevivir.

Las emociones positivas la función que tienen es la de hacernos sentir bien.

Pero aunque hablemos de emociones negativas o positivas hay que tener muy claro que ninguna emoción es mala en sí misma, el problema no deriva de la emoción sino de cómo la gestionemos. Aludiendo al principio fundamental de la energía, yo lo adapto a las emociones y siempre digo, que las emociones ni se crean ni se destruyen únicamente se transforman.

Este es el motivo por el cual afirmo que son impulsoras de acción. Debemos transformar una emoción a priori negativa en otra positiva. es muy importante aprender a distinguirlas, permitirnos sentirlas, identificarlas y luego gestionarlas.

La emoción no depende del acontecimiento sino de la forma en que te afecte o lo valores. No todos tenemos la misma respuesta ante un mismo suceso, no es algo universal. Pensemos en una situación que se repite por desgracia últimamente, un despido. Perder el puesto de trabajo para unas personas supone un problema que genera ansiedad y para otros, por el contrario, ser el estímulo que necesitaban para decidirse a dar forma a un proyecto profesional que iban postergando.

Decía Marie Curie que “dejamos de temer aquello que hemos aprendido a entender”, así pues dejemos de tener miedo a expresar lo que sentimos a través de la consciencia de nuestras propias emociones.

¿Cómo puedo gestionar mis emociones_

La buena noticia es que podemos intervenir sobre cada uno de los componentes de una emoción.

A nivel neurofisiológico ¿Qué podemos hacer cuando sentimos ansiedad para evitar las palpitaciones, la sudoración y ese nudo en la garganta que no nos deja respirar? ¿Qué hacéis normalmente vosotros? Exacto, aplicar técnicas de relajación, como la respiración consciente.

Para los más expertos o no tan expertos, porque seguramente muchos de vosotros lo haréis de forma innata, otra opción es la utilización de lo que en PNL se llaman anclajes. Recursos que te llevan a otro estado emocionalmente más satisfactorio

Ante un día duro en el trabajo -soy comercial- para sosegar mi cuerpo y acallar la mente lo que hago es meterme unos minutos en el coche, cerrar los ojos, respirar pausadamente y viajar a un momento del pasado – como los ordenadores cuando se estropean y queda la opción de restaurar a una fecha anterior-, recordar que esto ya lo he sentido y nada malo sucedió. No se abrieron las puertas del Infierno y Belcebú me invitó a su casa. 

A nivel comportamental, la gestión emocional nos obliga a entrenar habilidades sociales. 

Si trabajas cara al público y estás cabreado por cualquier motivo, no te vas a poner a _ladrarle” a%2

Esto te obliga a navegar por tu interior, a conocerte muy bien para llegar a ser capaz de regularte. Porque no hay que olvidar que ante todo somos animales sociales, no estamos solos en este mundo.

A nivel cognitivo, es evidente que las emociones nos invitan a la acción: me siento en peligro, echo a correr. Ahora bien estas respuestas tienen que ser apropiadas no podemos funcionar por impulsos. Por ejemplo, si un Miura viene todo cariñoso hacia nosotros, echar a correr y lanzarse por un barranco no es la respuesta más adecuada -lo sé exagero-.

Si os gustaría profundizar en todo lo que os acabo de comentar os recomiendo dos libros. Uno el que tanto me ha enseñado sobre emociones: “Universo de emociones”, un proyecto de Eduard Punset, Rafael Bisquerra y Palau Gea. El otro para trabajar las emociones con vuestros hijos, alumnos, o personas de cualquier edad: “Emocionario” de la editorial Palabras Aladas.

Para finalizar, dar las gracias a mi inspiración de este martes que ha sido Carmen Cifuentes del blog “Emoti People” a quien conocí cortesía de Facebook y con quien mantuve una interesantísima conversación sobre emociones y sentimientos.

Como siempre gracias por estar ahí. Yo, sin vosotros, no podría existir ❤

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