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Esta semana el artículo comienza con un video que me conmueve profundamente cada vez que lo visualizo y te pido por favor lo veas antes de seguir leyendo. 

 

¿Cómo te sientes? Yo con un nudo en la garganta. En tan pocos minutos remueve mi vida. Los malditos miedos que como si de la Parca se tratase atraviesan mi pecho hasta el corazón, lo estrujan e inundan de un frío mortal todo el torrente sanguíneo.

¿Existirá sobre la faz de la tierra alguien que jamás haya sentido miedo? Creo que no, sobre todo si tenemos en cuenta que es la emoción que nos ha permitido sobrevivir, la que nos mantiene alerta ante el peligro.

Hay miedos reales y miedos imaginarios.

Si nos remontamos al principio de los tiempos, esta emoción nos permitió navegar a través de la historia y llegar desde las cavernas hasta nuestros días. Al inicio podríamos hablar de miedos que ejercían de escudo y nos permitieron sobrevivir a glaciaciones, epidemias, hambrunas, animales de dimensiones descomunales… Miedos tangibles que permitieron a la civilización avanzar.

Pero, ¿en qué momento surgió el miedo intangible?

La población con problemas de ansiedad, ataques de pánico y depresión aumenta a un ritmo que produce escalofríos. No es algo que deba tomarse a broma. Si no sabes de lo que estoy hablando te felicito, y a la vez te pido respeto y comprensión para los que, por desgracia, están moviendo la cabeza afirmativamente mientras leen estas líneas.

Miedo a perder el trabajo, miedo a perder a tu pareja, miedo a denunciar una injusticia, miedo a denunciar acoso, miedo a tus compañeros de clase, miedo de tu jefe, miedo del poderoso que con su dinero te puede pisar -o eso crees tú-, miedo a pedirle a tu vecino que por favor haga menos ruido por las noches pues necesitas descansar, miedo a criar sola a tu hija y no hacerlo bien, miedo al ridículo, miedo a hablar en público, miedo a volar, miedo a los espacios cerrados, miedo a los espacios abiertos, miedo a perder tu casa, miedo a que se acabe la prestación por desempleo, miedo a no encontrar trabajo, miedo a no tener pensión el día de mañana, miedo al dolor, miedo cuando llamas a tu madre y no responde a la primera, miedo a la soledad, miedo de esta sociedad aletargada, miedo al futuro, miedo a vivir, miedo a tener miedo.

Son un ejemplo, pero muchos por no decir la gran mayoría si os detenéis a pensarlo son producto de nuestra imaginación, resultado de la anticipación de un suceso que puede que jamás suceda.

¿Por qué sentimos miedo? Yo tengo una teoría, a lo mejor algo conspiranoica, pero creo que es una herramienta más de los poderes -públicos y privados- para moldear ciudadanos que piensen y actúen lo menos posible fueron de los cánones establecidos. De ahí términos tales como por ejemplo la tan manoseada expresión “políticamente correcto”.

Ahora está de moda ser políticamente correcto. ¿Y antes qué éramos? Pues lo mismo pero lo llamábamos saber estar, educación, tolerancia y respeto. Cuando alguien se atreve a tener una opinión que se sale de esa casilla moldeada decimos que es políticamente incorrecto, cuando en realidad se trata de una persona con la capacidad de pensar y opinar. Puedes estar de acuerdo o no, esa es otra cuestión, pero siempre que se haga desde el respeto ¿por qué usar este término de forma despectiva?

Fácil, para inocular miedo. “No voy a opinar, o hacer tal cosa porque está mal visto por la sociedad pues no sigue los cánones establecidos”. ¿Establecidos por quién?

La divergencia y la capacidad de pensar es lo que permite a una sociedad crecer. ¿Qué problema hay entonces?

El maldito miedo.

Hace años ser mil eurista era símbolo de precariedad. Hoy, damos gracias si llegamos a este salario. ¿Y qué hacemos? Nada, nos callamos porque tenemos miedo, necesitamos comer y pagar las facturas.

¿Cómo salir de este círculo vicioso con principio pero sin fin? No tengo la fórmula mágica, igual que tampoco la tenía en el anterior post sobre la ira

Solo os puedo decir lo que hago yo: cogerlo por los cuernos y mirarnos cara a cara todas las mañanas. ¿Es fácil?, rotundamente no.

Nunca he ocultado que soy llorona cum laude, y uno de los motivos por los que más lo hago es precisamente para enfrentarme a mis demonios -algunos reales y otros imaginarios-. Me cuesta muchísimo pero lo hago, porque como siempre digo: es mi vida son mis decisiones.

Si dejamos el timón de nuestro barco en manos del miedo ¿creéis que llegaremos muy lejos?

No ocurre nada por admitir nuestros temores, somos humanos. Ni por verbalizarlos o pedir ayuda, para eso estamos la familia, los amigos o conocidos. Pero también está mal visto. Todo lo que no sea demostrar -pose- qué feliz soy, que guay, qué mega vida llevo es “políticamente incorrecto”.

¿Y dónde queda nuestra humanidad?

Enfrentarnos a los que nos produce pánico nos hace más fuertes. ¿Qué hubiera sido de mí aquel primer día como comercial en el que pasé media hora caminando en círculos en el portal antes de entrar en la oficina de quien sería mi primera visita, si me hubiera rendido al monstruo verde que colgando de la lámpara se mofaba de mí y me llamaba cobarde a la par que me gritaba ¡tú no sirves para esto Susanita eres demasiado tímida!

¡Pues toma ya, de un puntapié lo metí en una alcantarilla y convertí mi timidez en mi marca personal y mejor arma comercial! ¡Y van doce años de profesión!

¿Qué tal si en vez de luchar contra nuestros miedos los hacemos nuestros aliados? No, no estoy loca. Este blog trata de gestión emocional ¿no? Martes tras martes, tratamos de aprender a identificar nuestras emociones y ver de qué modo las podemos utilizar en nuestro beneficio. ¡Hagamos lo mismo con el monstruo verde!

Ponle un nombre, grítale, fumígalo, haz lo que quieras pero contrólalo. Cuando mi hija era pequeña y escuchaba algo que no le gustaba, se tapaba los oídos y decía: borrar, borrar, borrar. Me gustó y se lo copié. Tengo una goma imaginaria -hay días que más bien necesitaría un bazoka lo confieso-. Cierro los ojos e imagino la goma borrando y veo aparecer un cielo azul.

Hacerlo nuestro aliado porque en ocasiones nos avisa de un peligro que somos capaces de presentir pero aún no hemos identificado. Nos obliga a ser cautos para no cometer errores de graves consecuencias.

Ejemplo -mira que me gustan a mí los ejemplos, es mi yo maestra-. Otra moda es la de emprender. Que no te gusta tu trabajo, pues oye lo dejas, te montas algo por tu cuenta y tan pichi. ¡Qué fácil! Pues no. Antes tendrás que analizar la situación ¡vamos digo yo!

¿Tienes ahorros? ¿Posees un colchón financiero que te permita sobrevivir los primeros meses? Si la respuesta es afirmativa genial, sigue analizando todos los pros y contras ¡Y a por ello! Si por el contrario sobrevives día a día, siento decirte que tendrás que hacerlo de otro modo, buscar alternativas pero sin dejar tu trabajo de buenas a primeras. Aquí el miedo juega a tu favor y te señala el camino más adecuado para lograr tu objetivo.

Concluyendo para finalizar. No dejemos que nos domine, aceptémoslo como uno más en la familia -quizás un primo lejano- pero sin dejar que dicte nuestras acciones. Tal vez, un consejero en alguna que otra ocasión. Con voz pero sin voto.

Lucha por tus sueños y que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer. Tú marcas tu límite. Tu vida tus decisiones.

Una vez más os doy las gracias por estar ahí. Yo sin vosotros no podría existir ❤

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