Un poquito de mí

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¡Esa de ahí arriba soy yo!

Mi madre dice que en esta fotografía tengo la mirada tristona, ¡para nada! lo que ocurre es que no soy lo que se dice muy fotogénica porque siempre pongo caras raras, y entonces mi fotógrafa particular, mi hija Alba Rodríguez Álvarez -a la que de vez en cuando le birlo fotografías para mis post- me obliga a estar seria sin hacer el tonto. Y claro… salgo de esta guisa.

Me suelo ir por los Cerros de Úbeda porque me gusta mucho hablar así que me voy a centrar.

No es el primer blog que creo pero sí el último. Y lo digo así, con una tremenda chulería. El problema con los anteriores era que no los sentía míos. Les faltaba mi esencia.

Ahora sé que lo que ocurría, era que aún no había encontrado mi marca personal, y todo formaba parte de ese largo proceso, de esa indagación a modo de topo excavador -del que hablo en algún que otro post- que va desbrozando el terreno hasta que llega a la superficie y puede gritar ¡veo la luz!

En el verano de 2014, trabajando retorcí un pie de muy mala manera y rompí un hueso que me obligó a estar casi dos meses de baja. ¡Cinco semanas escayolada e inmovilizada! Aquí fue cuando tuve lo que mi querida heredera universal bautizó como “crisis de los cuarenta con retraso”. Demasiado tiempo para pensar en pleno agosto.

Creo, o presupongo, que todos en cierto momento de nuestra vida hacemos una recapitulación de lo vivido hasta ese mismo instante. Yo, la hice y me di cuenta que necesitaba cambiar algo, pero no sabía bien el qué.

Comencé a bucear en la gran telaraña mundial, sin un rumbo fijo y así a trompicones, me encontré con un curso de Coaching que daría comienzo en Asturias en octubre.

Vamos a ver, pensé, a mí esto del coaching siempre me ha sonado a cuento chino. Pero ¡ay amigo! la cojita tuvo un impulso y se matriculó. ¡Ese fue el principio de todo!

Lo voy a resumir mucho, pero todo lo demás hasta voy, vino a consecuencia de esta decisión materializada con un click de ratón.

Lo que siempre me había producido cierta urticaria, se convirtió en mi motor de cambio. Me certifiqué -con sobresaliente, ojito que hay que presumir un poco que es muy sano regalarse flores de vez en cuando, y yo no soy muy dada a hacerlo. Es más, tiendo a ser bastante injusta con mi persona-; conocí a grandes seres humanos, algunos de las cuales ahora son imprescindibles en mi existencia, y el coaching se convirtió en una forma de vida para mí. No porque me pague las facturas, no me refiero a eso, sino porque mi visión del mundo que me rodea es completamente distinta y por tanto, yo también me he transformado.

El siguiente cambio llegó en diciembre de 2015. Desde La Nueva Ruta del Empleo se pusieron en contacto conmigo y me invitaron a formar parte de su plantel de colaboradores. Acepté y ahí estoy, cada quince días publico un post en su página web. Post, algunos de los cuales he colgado en esta mi casa, bajo la etiqueta de La Nueva Ruta del Empleo y a los que podéis acceder desde el menú superior, a través de “Ruteando”.

Y sin darme cuenta había comenzado mi camino al encuentro de mi marca personal.

No exagero, de verdad que no.

En los comentarios que me hacían en los post se repetía con insistencia una palabra: emoción. Y ellos, vosotros, los anónimos al otro lado de la pantalla me descubrieron algo, no me había percatado que mi sello personal, mi marca es la capacidad de hablar de las emociones, desde un punto de vista que siempre intento sea positivo y enfocado al crecimiento.

Nacía “El Impulso de las emociones”.

Primero como página en Facebook, y ahora, un año después, como blog.

¿Y qué es el Impulso de las emociones? Mi sueño, ni más ni menos que mi sueño que es ayudar a las personas y hacerlo desde la gestión emocional. Por eso yo lo he llamado “Coaching emocional”, cuyo leitmotiv es aprender a utilizar los estados de ánimo para lograr los objetivos que todos y cada uno de nosotros nos marquemos.

Mi lema: las emociones ni se crean ni se destruyen únicamente se transforman.

Vamos pues, a aprender a identificar nuestras emociones, a permitirnos sentirlas, ¡no las neguemos!, gestionarlas y convertirlas en nuestro motor. Que se conviertan en la chispa que arranca nuestra motivación y así, pasito a pasito y de una forma consciente lograr alcanzar la meta.

Sin más, espero humildemente que os guste mi blog y mis entradas os puedan servir de ayuda. Que esta tejedora de sentimientos sea capaz de arrancaros una sonrisa, una lágrima o ambas.

Muchas gracias por estar al otro lado de la pantalla.

¡Yo, sin vosotros no podría existir!  

Susana

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4 pensamientos sobre “Un poquito de mí”

  1. Enhorabuena por este nuevo nacimiento, aunque no estoy de acuerdo contigo en que este será el último blog. Estoy seguro que es un paso más en tu camino y que dicho camino te hará evolucionar, crecer y cambiar cada día. Porque la vida es un proceso dinamico de continua reinvención en la lucha para conseguir tus SUEÑOS.
    Por mi parte solo puedo decirte que aqui tienes a tu “loco adorable” que NUNCA permitirá que tu camino se detenga.
    Millones de besos,
    H

    Le gusta a 1 persona

    • elimpulsodelasemociones dijo:

      Héctor, visto desde ese punto de vista no me queda más remedio que darte la razón, pero entonces sería un avance, un progreso, la evolución del Impulso de las emociones. Muchas gracias por todo, por ser y estar -loco- 😉

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  2. ¡Susana, tú nunca decepcionas!

    Me vuelvo a quitar el sombrero con tus reflexiones. ¡Im-pre-sionante!

    Le gusta a 1 persona

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