Solidaridad, ¡qué bonito nombre tienes!

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La Real Academia Española de la Lengua Española define la solidaridad como la adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otros.

La Sociología, ciencia que trata de la estructura y funcionamiento de las sociedades humanas, la define como la acción o principio moral con el que una sociedad hace causa común a un hecho o suceso que considera adverso. Sería una especie de conciencia colectiva que proteja la comunidad de la que hablábamos en el post anterior “Elijo ser libre” . Si recordáis, Aristóteles definía esta comunidad con cuatro características y una de ellas era la formal o sea la justicia que nace de las virtudes, de los ideales, del sistema ético moral, de la escala de valores de cada uno de nosotros y por supuesto de la colectividad. La solidaridad sería pues una de estas virtudes.

Si yo grito SOLIDARIDAD, sin falta de decir nada más casi seguro que en la mente de quien me escuche se fraguarán imágenes de catástrofes, miseria, necesidad, ONG, campañas, donaciones y casi siempre con un concepto geográfico de lejanía.

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Cierto, eso es solidaridad, compartir lo que tienes, poco o mucho, con quien nada posee. Ahora bien, yo quiero ir un poco más allá. Analizar este concepto en otra dimensión. Más emocional. ¿Qué raro Susana hablando de emociones? ¡Es lo que hay queridos míos!

 

Somos solidarios cuando entregamos el sobre del Domund en la parroquia. Cuando enviamos un SMS para alguna causa, cuando donamos en la farmacia en la hucha contra el cáncer, cuando colaboramos en la Operación Kilo de nuestro supermercado, cuando acudimos a limpiar la playa de nuestro pueblo, cuando ayudamos en la búsqueda de un desaparecido, cuando donamos médula o sangre, cuando acompañamos a un anciano en su solitaria tarde en su residencia geriátrica, cuando ayudamos a un niño sin recursos con las ecuaciones de segundo grado… Solidaridad económica o solidaridad de tiempo.

Y luego está la otra solidaridad, la emocional.

¿A cuántas personas conocéis que están pasando por un mal momento? Personas que viven un conflicto o problema para el que no tenéis ni solución ni ayuda. ¿Qué hacéis en estos casos? ¡Exacto, brindarles vuestro apoyo, darles vuestro cariño!

¡Solidaridad emocional!

Tenemos cierta tendencia a quedarnos siempre en lo material. Evaluamos o etiquetamos la felicidad en relación al concepto de bienes materiales que el otro posee. Rico igual a feliz, pobre igual a ¡nació estrellado! Nada más lejos de la realidad.

Yo no puedo definir la felicidad, pues entiendo que es personal e intransferible. Cada persona es un pequeño cosmos que se rige por sus propias reglas, entre ellas la de calificar la felicidad. Pero sí puedo constatar, que aquellos individuos de la comunidad de Aristóteles, que menos necesitan para vivir, son los más felices, ergo los bienes no son directamente proporcionales al nivel de satisfacción vital.

Vamos a decapar al hombre, a cualquiera. Macho o hembra me es indiferente. Le quitamos su casa, su coche, su móvil, su portátil, sus joyas, su ropa, los zapatos, lo dejamos desnudo y vulnerable. ¿Qué le queda? ¿Consideráis que es un desgraciado que lo ha perdido todo? Yo os contesto: depende.

Depende de su gente, de esa a la que también hacía mención al final de mi anterior post. Depende de la ola de solidaridad que se genere a su alrededor. Este hombre, antes rico, muy rico, archimillonario. Ahora que carece de todo, solos su piel y él frente al mundo ¿tiene familia?, ¿amigos?, ¿conocidos?

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Propiedad de Susana Álvarez

 

 ¿Entendéis por dónde voy? ¿De qué te sirve lo material si todo a tu alrededor está fundamentado en su existencia? ¿Quién es el más rico del cementerio? ¿Aquél que tiene la lápida más lujosa? ¿O quizás el humilde anciano que ni su nombre tiene grabado sobre el mármol porque costaba demasiado, pero con flores frescas, una esposa que lo echa de menos y besa sus fríos restos, la hija que acude a hablar con él? ¡En serio, ¿quién es archimillonario en el cielo de los justos?!

Cuando nada tienes, cuando los problemas se han puesto de acuerdo para tomar el té de las cinco contigo, cuando las piedras del camino cobran vida y se colocan delante de tu puerta, cuando parece que el Universo se ha conjurado en tu contra es cuando cobra mayor importancia la bendita solidaridad emocional. Esa corriente de energía en la que tu comunidad hace frente común ante la injusticia de la vida y te arropa.

Solidaridad emocional es un abrazo, una sonrisa, un estoy aquí no estás solo. Solidaridad emocional es cabrearse contigo, confabular a tu lado para salir juntos de este escollo. Solidaridad emocional es estar con la antena parabólica puesta las veinticuatro horas del día y enviarle un mensaje a quien ni siquiera has desvirtualizado aún y ofrecerle información que le ayude en su problema. Solidaridad emocional es darte un contacto. Solidaridad emocional es creer en ti. Solidaridad emocional es ofrecerte para acompañar a tu prima y no dejarla sola. Solidaridad emocional es llamar a tu hermana si estás lejos geográficamente. Solidaridad emocional es ese correo de tu amiga al otro lado del charco. Solidaridad emocional es la ocasión de demostrar que tus palabras en el pasado no se quedan en eso, en meras consonantes y vocales tan mal hilvanadas que la primera borrasca se las lleva. Solidaridad emocional es no dar por hecho que tener un problema te convierte en un ser hundido. Solidaridad emocional no es caridad mal entendida. Solidaridad emocional es SER Y ESTAR.

Ser rico y feliz es poseer la capacidad de generar solidaridad emocional a tu alrededor. El cuerpo se nutre a base de alimentos, pero de esos me encargo yo. El alma se nutre de amor ¿qué tal si tu me provees de él?

Una vez más muchas gracias por estar al otro lado de vuestras pantallas.

Yo, sin vosotros no podría existir

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¡Elijo ser libre!

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“Prefiero morir de pie a vivir arrodillado” Esta frase, acuñada bajo la figura del Che Guevara en multitud de productos de lo que ahora se denomina “merchandising”, que para los admiradores de la lengua de Cervantes no es otra cosa que publicidad, fue pronunciada anteriormente por Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, presidenta del Partido Comunista, en sus discursos durante la Guerra Civil española. Pero antes que ella, ya lo había hecho Emiliano Zapata, uno de los líderes de la Revolución Mexicana.

Y sigo con frases, también de Emiliano Zapata.

“Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres” o esta “El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre pero que no grite cuando lo pisen”.

Todos en la vida tenemos libertad de decisión. Otra cuestión muy distinta es optar por la más adecuada. ¿Y cuál es la decisión adecuada? ¡Ahí está la dificultad! Depende de tu escala de valores.

Parece pues que hoy hablamos de libertades. ¿Tiene límites la libertad? ¿Tiene interpretaciones? ¿Quién decide la línea divisoria entre lo que es libertad o libertinaje?

A grandes rasgos, yo os diría que el bien común es la máxima autoridad en esta materia.

Según Aristóteles el hombre es un animal político, en tanto en cuando necesita de los otros. Es un ser imperfecto que busca la comunidad para sentirse completo. Nos introducimos pues en el concepto del hombre social, en el concepto global y aglutinador de la comunidad. Continuando con Aristóteles, define las cuatro características de una comunidad:

  1. Causa material: pueblos, hogares…
  2. Causa formal: sistema que ordena la relación entre las partes que conforman una comunidad.
  3. Causa eficiente: referida al propio desarrollo natural de la comunidad, como ser vivo que es.
  4. Causa final: propósito último de la comunidad, que no es otro que alcanzar el bien soberano, o sea la felicidad.

 

 

 

 

Si nos vamos a la causa formal, no es complicado interpretar que ese sistema no es otro que la justicia. Y según la filosofía aristotélica para llegar a la justicia debemos poseer virtudes, a las que define como “hábitos que nos permiten actuar en la vida eligiendo”.

Con este breve recorrido histórico quiero demostraros que una de las características del ser humano es la búsqueda del bien. De lo correcto. De la justicia. Pero, ¿qué ocurre cuando parte de la sociedad se corrompe? Si como comunidad que somos  prevalece el bien particular sobre el común, ¿adónde nos dirigimos cuando obviamos cualquier tipo de ética o moralidad y salvamos nuestro propio culo aún a costa de ser la mano que apriete la horca del vecino?

Vivimos una situación crítica, pero no os engañéis la culpa es nuestra. Nos hemos convertido en animales ciegos y sordos. Miramos a otro lado, mientras pensamos “menos mal por ahora me he librado yo”. Bordamos los estandartes de la injusticia social a vainica doble con frases como “¿qué otra cosa puedo hacer?”.

Pues te voy a contentar, léeme bien ¡PUEDES DECIR NO!

Pero claro, tienes que ser valiente y no tener miedo a nada ni a nadie. ¿Prefieres morir de pie o vivir de rodillas? Tú eliges, ahora bien te aviso, hazte cargo de las consecuencias de dichas decisiones. ¿Quieres ser águila o gusano?

Llámame revolucionaria o lo que te venga a la cabeza, pero yo elijo morir por mis principios. Ya de morir, al menos por algo que merezca la vida.

Mi madre me decía ayer, todo lo que vuestros abuelos han luchado, toda la sangre vertida, el esfuerzo, todo lo estáis perdiendo por miedo. Susana, los humildes no tenemos dinero pero nadie nos roba la dignidad ni el orgullo

¡Esa es mi madre, sí señora!

La dignidad y el orgullo. Cuando nada tengo que perder, es lo único que me queda y mi deber como ciudadana de esta comunidad es decir NO, a las amenazas. NO, a las coacciones. NO, al maltrato. No, al acoso. NO y NO.

Quítamelo todo. Despójame de los bienes materiales. Niégame el vil metal para comer y alimentar a mi hija. Ponme en una situación precaria, en riesgo por no pagar las letras del banco. ¡Es lo único que está en tu mano hacerme, hacernos!

Queridos míos somos, sois mucho más que una cuenta corriente. Somos personas y debemos perder el miedo a defender nuestra dignidad. Sí, tenemos que comer, pero ¿de verdad vamos a vender nuestra alma a Leviatán por un mendrugo de pan?

Miraos todos al espejo, ¿qué veis? Os lo digo yo. Grandes personas, con una valía excepcional para hacer frente a las situaciones más denigrantes. Seres humanos luchadores por lo que corre sangre de todos esos fusilados y abandonados cual bestias en anónimas cunetas. Somos los nietos de esos mineros que hicieron temblar la tierra asturiana al grito de sus protestas. ¿Vamos a permitir que todo haya sido en balde?

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Fuente de la imagen

 

Fuera miedo. Sed valientes. Seamos valientes.

Esto no se soluciona torciendo el gesto, ni mirando cada uno para su propio ombligo. No olvidéis que vivimos en una comunidad, que como Aristóteles explica tiene un sistema de justicia que vela por la supervivencia de dicha comunidad. Y no hablo de la justicia del Estado, hablo de la de los hombres. De la justicia que nace de las virtudes, de los ideales, del sistema ético y moral, de la escala de valores de cada uno de nosotros.

Si todos los componentes de una comunidad, sea la que sea, tienen claro qué es justicia y qué no lo es. Si todos se niegan a entrar en el juego de la estafa. Si todos a una arriman el hombro en contra de la opresión, sin duda alguna de las tumbas de los cementerios saldrán cánticos de victoria, porque los nietos han aprendido la lección.

Tú decides. Yo ya lo he hecho y no ha sido fácil.

¿Qué has decidido Susana? Quedarme con la dignidad y el orgullo que no alimentan el cuerpo material pero sí el alma. Demostrarle a mi hija con hechos, lo que le llevo inculcando con palabras desde que nació. Recurrir a mi comunidad, contarles mi problema y mi decisión. Porque no estamos solos, Comunidad = individuos. ¡No estáis solos no lo olvidéis!

Como seres humanos tenemos muchos defectos, yo la primera. Pero una gran virtud y es la de pertenencia al grupo. Esa que moviliza a toda tu gente cuando estás en peligro. Y ellos, los tuyos, amigos, familiares y conocidos, son los que tejen rápidamente una red protectora bajo tu cuerpo para amortiguar la caída. Los que te sujetan.

No lo olvidéis, ¡NO ESTAMOS SOLOS!

Para terminar, admitir que estoy muy emocionada hoy escribiendo este post. Que va dedicado a los míos, a mi gente. Vosotros sabéis bien quienes sois, familia y amigos, todos los que me habéis demostrado tanto en tan poco tiempo. Gracias infinitas, por ser y estar.

Hoy más que nunca. Yo, sin vosotros no podría existir.

¡Socorro me han secuestrado la amígdala!

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Este año he decidido “crecer” a base de recomendaciones.

Cuando te marcas un objetivo, es muy importante descubrir en tu entorno, a todas aquellas personas que ya han han recorrido antes que tú ese camino y dejarte ayudar, mentorizar por ellas. En ello estoy.

Una de estas recomendaciones, fue visualizar en Youtube un video de Daniel Goleman, hablando de inteligencia emocional.

Un tema que me apasiona, pero en el que me muevo a base de conocimientos básicos e intuición.

Daniel Goleman es un psicólogo estadounidense, un referente en el campo de la inteligencia emocional. Afirma que es un error pensar que la cognición y las emociones son dos cosas totalmente separadas ya que se trata de la misma área cerebral y por tanto, una adecuada gestión emocional ayuda a mejorar nuestro aprendizaje.

En este video que comparto con vosotros, y os recomiendo encarecidamente, Daniel hace referencia a un término acuñado por él y que conocía muy superficialmente “Secuestro Amigdalar”. Se trata de un secuestro emocional, en el que tus emociones te dominan y eres incapaz de actuar racionalmente, lo que coloquialmente conocemos como perder los papeles.

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By ManosHacker (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)%5D, via Wikimedia Commons

El secuestro amigdalar no es algo extraño, todos en algún momento y en mayor o menor medida hemos experimentado estos episodios, sobre todo los niños pequeños que aún no saben gestionar adecuadamente sus emociones. El nombre deriva del hecho de que la amígdala, situada en el cerebro, es la encargada de regular nuestras emociones, o sea es nuestro termostato emocional.

Horas después de disfrutar el video veo en Facebook que una amiga, caracterizada primero por poseer una gran capacidad de comunicación y segundo por un enorme sentido de la justicia, lo que la lleva a no emitir juicios sobre nada ni nadie tan sólo a dar su opinión, ha provocado el secuestro amigdalar de algunos de sus contactos. Ella se ciñó a compartir una fotografía y dar su opinión sobre la imagen. La respuesta no se hizo esperar, algunas personas no coincidieron con ella y así se lo hicieron saber, pero desde el más absoluto respeto, porque una de las mayores grandezas que posee el ser humano es la capacidad para confrontar opiniones, sin que nadie se pueda llegar a sentir molesto y así enriquecernos todos un poco más. Ahora bien, dicha grandeza se puede tornar en miseria. Y esto es lo que ocurrió con aquellos que no supieron leer, o no entendieron el mensaje.

Mi amiga, se sintió mal. Pensó que había sido culpa suya, quizá no se había expresado bien, no había sido capaz de transmitir su mensaje. Por supuesto, nada más lejos de la realidad querida mía.

El video más lo que os acabo de contar, me llevó a meditar sobre la comunicación y las redes sociales, porque me di cuenta que estas son las que a mí me provocan un mayor número de secuestros.

Lo ocurrido a mi amiga, no es un caso infrecuente. Todo lo contrario, se está convirtiendo en un hecho que se repite con demasiada asiduidad. Comentarios fuera de tono, incluso groseros de personas con las que te une una relación estrecha, bien sea en la distancia virtual o en el cara a cara diario.

 

En la gran telaraña mundial existen los Trolls, que son aquellas personas que usan el anonimato para publicar y difundir mensajes irritantes con el único fin de molestar. Pero yo, si me lo permitís, me quiero centrar en aquellos que para nosotros tienen nombre, apellidos y rostro.

Comienzo con mis eternas pregunta: ¿tan difícil resulta opinar sin insultar o herir? ¿Tan complicado resulta defender tu postura sin despreciar la del contrario?

La comunicación en las redes tiene un hándicap, algo que hoy comentaba con otro gran amigo, Héctor Trinidad, autor de Cambia para Cambiar el Mundo y experto en Comunicación. Me explicaba -cito textualmente- “El 85% de la comunicación es no verbal, solo el 15% es qué dices y ese 85% cómo lo dices, y en el cómo interviene todo: la mirada, la sonrisa, el tono, la postura. Por eso la comunicación sin interacción física debe ser muy estudiada, para que no haya interpretaciones erróneas“. Es decir, nos falta ver a la otra persona y de ahí que a veces todo se pueda mal interpretar.

Ahora bien, esto jamás debe ser una excusa. La compostura y la educación no conocen de distancias ni medios.

En el proceso de comunicación intervienen varios componentes:

 

  • Emisor, persona que emite el mensaje

  • Receptor, persona que lo recibe

  • Mensaje, información o idea que se transmite

  • Canal, medio por el que se envía el mensaje (redes sociales en este caso)

  • Código, signos que se usan para crear el mensaje (escrito)

  • Contexto, situación en la que se produce el mensaje

 

Si uno de ellos falla, el mensaje se desvirtúa. Puedo no explicarme bien o también podría suceder que tú no me entiendas por muchos motivos: porque el canal no sea el adecuado, el código ininteligible o el contexto inadecuado. Pero lo que no pueden fallar nunca son las normas de convivencia. Me parece intolerable, y así os lo digo, que porque alguien no esté de acuerdo con otra persona el ataque sea la respuesta. ¡Inaceptable!

Es todo tan sencillo como comunicarse en base a un respeto absoluto. Oye Susana no estoy de acuerdo con lo que dices, yo lo veo así y asá, ¿qué te parece? Puede incluso que tenga una postura irreconciliable con otra persona a la que admiro e incluso quiero y eso no es impedimento para que sigamos respetándonos y admirándonos mutuamente.

¿Qué hacer si te secuestran la amígdala y no tienes dinero para el rescate?

Así entre nosotros, ahora que estamos cómodos hablando, yo no sé qué dirán los expertos pero sí lo que hago yo.

En alguna que otra ocasión, para qué vamos a engañarnos nadie es perfecto y yo la Reina de la Imperfección, sacar los pies del texto y dejarme llevar ¡¿Verdad querida hija mía?! En otras, hacer uso de mi gestión emocional y tratar de averiguar qué es lo que ha provocado mi arrebato emocional, ser consciente de qué es lo que realmente me molesta, aunque yo esté en el centro de esa consciencia, pues en ocasiones nuestra personalidad, creencias, experiencias vividas nos puede jugar una mala pasada y mal interpretar los mensaje.

Descubrir qué es lo que me ha herido, si es algo que me concierne exclusivamente a mí, o sí  por el contrario es algo sobre lo que yo no tengo control como por ejemplo, tal y como os dije antes, los malos modos o las incongruencias en las actuaciones -otro gran secuestrador de mi amígdala-, es decir aquellas personas que no se corresponde el mensaje que difunden con lo que a ti te muestran o han mostrado.

Todo lo que provenga de nuestra persona hemos de ponerle remedio, aceptar que no somos perfectos y tratar de limar esas aristas, que al fin y al cabo a los que arañan es a nosotros mismos.

La otra posibilidad, la ajena a nosotros, también tenemos capacidad para atajarla. No vamos a negar que existen hechos o situaciones sobre los que no tenemos control, pero sí sobre la forma en que nos afecten. Y aquí entono un gran mea culpa. Hay personas que nos decepcionan pero ¿y si nuestras expectativas eran erradas? ¿Qué ganamos con dejarnos secuestrar? ¿No será mejor asumir la realidad y seguir adelante?

Y a vosotros, ¿quién o qué os secuestra la amígdala?

De nuevo os doy las gracias por estar al otro lado de vuestras pantallas. Sin vosotros yo, no podría existir.

El antipost navideño

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Queridos anónimos míos que estáis al otro lado de vuestras pantallas, os aviso antes de que sigáis leyendo, para que podáis tomar la decisión de continuar o darle arriba a la derecha a la cruz y cerrar, que este es un post insulínico que pretende controlar la dosis de azúcar en sangre en estas fechas.

Sin que sirva de justificación pues tan sólo es una aclaración, os diré que todos los artículos que he leído de mis blogs amigos sobre estas fechas, me han gustado. Disfruto con el buen contenido y la diversidad de opiniones es lo más enriquecedor que puede existir en este almibarado mundo nuestro. Cada cual tiene su opinión, experiencias y vivencias y ahí radica la sal de la vida. Dulce/salado, ¡magnífica dicotomía!

No obstante, los Gremlins Navideños también queremos hacernos oír.

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Vamos por partes: ¿Me gusta la Navidad? ¡Sí! ¿Qué Navidad? La que mezcla tradición religiosa -sea la que sea, católica, protestante, ortodoxa…- con celebración familiar. La Navidad que incluso celebran los no creyentes pero se convierte en un festejo de convivencia. Sin más ambición. Seguro que más de uno ya ve por donde voy.

¿Qué es lo que no me gusta? No me gusta la mercadotecnia, el consumismo desmedido, el postureo, el esnobismo, la competición por la mesa mejor decorada, la falsedad, las mascaradas, sonreír a quien no soportas, el aumento de los precios en alimentación porque hay que comer hasta reventar, las reuniones que no te apetecen, tener que ser feliz por definición, las listas de buenos propósitos que casi nadie cumple, las tradiciones importadas, tener que regalar en Nochebuena porque todo el mundo lo hace, dejar la visa echando humo, los maratones de solidaridad y esa rancia sensación de bienestar con sonrisas taladradas y ojos inyectados en sangre del esfuerzo de aparentar.

Estos días, una de mis amigas de Facebook compartía el siguiente estado: ¡Ya ha pasado la Navidad! Ya podéis volver a ser los de siempre. ¡Más razón que una santa que diría mi madre!

Me estoy haciendo mayor, es evidente, lógico y normal y no voy a recurrir a la manida frase de cualquier tiempo pasado fue mejor. No clamaré suplicante con las manos elevadas al cielo por mi infancia, ni tan siquiera por la de mi hija. No lo voy a hacer, tranquilos. Pero os pregunto ¿en qué momento se nos fue esto de las manos? ¿Cuándo convertimos unos días de recogimiento -en el amplio sentido de la palabra, no sólo en el religioso- en un carnaval veneciano?

Sigo preguntando ¿el resto del año no hay que ser buenos, solidarios, humanos y felices? ¿No vamos a volver a comer en una temporada, somos camellos y almacenamos durante meses los gambones a precio de oro, la merluza que del pincho no tiene ni el piercing, el cordero, el lechón, los cinco kilos de turrón, cuatro de mazapanes y tonelada y media de embutidos? ¿Por qué hay que regalar en Papá Noel -a saber quién es este abuelo- si la tradición española es de los Reyes Magos? ¿Por qué hay que comprarle al niño el juguete más grande y a precio abusivo? ¿Te va a querer más? ¿Va a ser más feliz? ¿Qué lección de vida está aprendiendo? ¿Qué pasa si el año que viene no puedes cumplir?

Sigo, que he comido después de medianoche y me he transformado.

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Y esa manía ahora de no traumatizar a los pequeños y que tarden lo máximo posible en descubrir la verdad. ¿Qué verdad? Que los Reyes no existen Susana. ¿Quién lo dijo? ¿Cómo que no existen? Yo tengo una hija de veinte años y hace unos días he recibido un “wasap” que comienza diciendo: Querida Reina Maga… ¡O sea sí existen! ¿No será que hemos perdido la capacidad de alimentar la ilusión? Lo importante no es si existen sus majestades o no. Lo importante no es la cantidad de regalos. Lo importante es el cariño y la ilusión.

Bufff encima me acabo de caer en un caldero de agua…

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Por esta regla de tres, y siguiendo con el razonamiento de algunas personas -sé que no todos están abducidos por el Corte Chino- entonces todo aquel que no tenga recursos económicos no disfruta la Navidad o incluso tal vez ni tenga derecho a ella. ¿Es eso? ¡Falso!

La ilusión no se compra. La alegría no se vende. La solidaridad no se regala.

¿Se consigue alguna bula papal siendo tan maravillosos en estas fiestas? A partir del siete de enero ¿tenemos carta blanca para ser unos patanes? Y lo de los buenos propósitos, ¿cómo funciona? Tú te comes la última uva -y ojo no me confundan ustedes los cuartos con las campanadas que la liamos- ¿y qué pasa, ya dejas de fumar, te lanzas al diccionario de inglés o haces pesas con la copa?

A ver querubines míos ¿no sería mejor bajar de revoluciones? Los objetivos que sean diarios, las recapitulaciones vitales un par de veces al año como mínimo.

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A tu hijo regálale tiempo y no me refiero a un Rolex. A tu mujer, novia, amigovia, novio, amigovio, amante, dale el presente de la atención, de estar y ser. A tus padres, una visita de vez en cuando o una llamada de teléfono, un día de repente se van sin avisar y quizá no vuelvas a tener la oportunidad.

 

Sé solidario todo el año. Ayuda a tu vecina, -esto va por mi vecino del quinto que nos ve a mi hija y a mi reventando subir cargadas de bolsas los cuatro pisos sin ascensor y ni se inmuta-. Saluda, da las gracias. Felicita. Reconoce el trabajo ajeno. Celebra los méritos de tus amigos. No envidies a nadie. Respeta el espacio de los demás. No saques conclusiones.

Ya me noto mejor, creo que me van pasando los efectos.

Sí, me gusta la Navidad. Unos años más que otros también es verdad. Pero quizá debamos retornar a esos tiempos en los que lo verdaderamente importante no era la impostura, sino la compostura.

Que sea un poco Gremlin, que me guste poner voz a otras versiones de la historia -o sea llevar la contraria para qué engañarnos- no es óbice para que de todo corazón os desee lo mejor para estos nuevos 365 días que tenemos delante para llenar de experiencias. Unas buenas otras no tanto e incluso algunas malas, pero necesarias.

Salud, amor y el dinero imprescindible para vivir.

Gracias por estar ahí, sin vosotros yo no podría existir  ❤

Tengo hambre de ser

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Mi relación con el coche es, como dice en algunos perfiles de las redes sociales, complicada.

Por trabajo, me paso horas al volante así que los fines de semana, como no sea una causa de fuerza mayor, me niego a conducir. Contradictoriamente, sufro momentos de éxtasis en los que una carretera solitaria, el anonimato de la noche, la música a todo trapo y mi Sandero se convierten en mi momento Mindfulness.

¡Ya está Susana con términos extraños!

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Tranquilidad, os lo explico de forma muy sencilla, con mis propias palabras y sin extenderme demasiado ya que daría para otro post. El Mindfulness es la capacidad de vivir en el presente de forma consciente, es decir, es la habitación del pánico de tu cerebro. Ese lugar inaccesible a problemas, reuniones, listas de compra, menús semanales, descubiertos en el banco, enfados, prisas y urgencias. El preciso instante en el que estás a solas contigo mismo y no existe nada más.

Voy a imitar a Sophia Petrillo, la abuela de aquella serie de televisión de la década de los ochenta “Las Chicas de Oro“. Imagina, autopista Santander dirección Oviedo. Siete y media de la tarde, noche cerrada. En el Cd suena “Bring me to Life” de Evanescence en modo bucle. Ni un coche a la vista, solos el asfalto y yo. Mente en blanco, salvo por la velocidad del coche y la presión de mi pie sobre el acelerador, no hay movimiento en el mundo que me rodea en ese instante. “Mi espíritu está durmiendo en algún lugar frío” grita a pleno pulmón el equipo de música. “No hay nada dentro, tráeme a la vida”, y justo en ese momento tengo una revelación.

Bueno… no es una revelación tal cual, en plan aparición Mariana, más bien se trata de un estado de consciencia plena y absoluta, en la que sin ningún tipo de miedo -llevo las puertas del coche con el seguro, no pueden entrar esos monstruos mentales que me frenan- me descubro a mi misma diciéndome, quiero ser.

¿Quieres ser qué? Ser y punto. Sin más.

¿Quién eres? ¿Qué eres? Parece sencillo de responder: Susana y soy comercial. ¡Pues no! Me llamo Susana y pago las facturas trabajando de comercial pero lo que hago para subsistir, en este momento de mi vida -y en todos hasta ahora, seamos sinceros- no define quién ni qué soy.

Había un anuncio de un veneno para unos bichitos molestos, que decía: las cucarachas nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pues yo, me siento cucaracha. ¿Y vosotros qué opináis al respecto?

Vamos a analizarlo detenidamente. Vivimos en una sociedad en la que todo esta medido al milímetro. Creo que tan sólo fuimos hijos del albedrío el tiempo que pasamos en el vientre materno. ¡Y ahora ni eso porque las embarazadas viven monitorizadas y hasta se programan los partos! Fuimos niños educados bajo los dictámenes de la ley de educación de turno. Adolescentes adoctrinados y dirigidos hacia determinadas carreras. Luego vino el matrimonio, divorcio, los hijos, la hipoteca, el coche, los seguros y de repente un día soplamos cuarenta y tantas velas en una tarta.

¿En serio han pasado más de veinte años? Pero… ¿me habéis criogenizado y acabáis de sacarme del microondas verdad? Y tu hija te mira con cara de espanto mientras coge el móvil y teclea en D. Google “urgencias psiquiátricas”. ¡Venga bah, no me mintáis que estoy viendo los restos del papel de aluminio!

Pero no, no somos Walt Disney, somos unas cucarachas anestesiadas por las que ha pasado la vida.

Y en el Cd sigue sonando Evanescence: “Todo este tiempo no pude ver, escondida en la oscuridad pero tú estabas frente a mí. Parece que he estado durmiendo, tengo que abrir los ojos a todo”.

Voy llegando a Oviedo, a lo lejos veo las luces de la ciudad y me propongo comprar Raid, para matarlas bien muertas.

Conste que no estoy haciendo apología de la zona de confort ni ninguna de estas maravillas que ese coaching de bolsillo que odio, nos vende. No se trata de dejarlo todo, en plan película americana cuando meten su vida en el coche y un remolque, y con el THE END ocupando toda la pantalla te quedas pensando ¡qué bonita es la vida en las películas! Ni mucho menos. Cumplir tus sueños requiere tener los pies muy bien anclados en el suelo para que no tornen en pesadilla. Pero queridos míos que me leéis al otro lado de las pantallas, ¿qué ocurre con nuestro ser?

Tengo hambre de ser y he decidido saciarla. ¿Cómo? Con mucho cuidado, pues cuando se ha pasado un periodo muy prolongado sin alimento, corremos el riesgo de empacho. Poco a poco. El primer paso lo he dado al iniciar este blog. Toda la vida he querido escribir y mis excusas me lo impedían. Es evidente -o no- que no voy a poder alimentar a esa criatura que tiene la mala costumbre de comer todos los días, con mi blog, pero si lo voy a hacer con mi esencia, para que no fallezca por inanición.

Sigamos con nuestros quehaceres, no queda otra, pero hagamos algo por SER. Y quizá ese SER un día llegue a convertirse en el todo. Mientras tanto, intentémoslo. No importa la edad, esta no es ninguna barrera, tan sólo una pasarela al siguiente nivel.

Averigua quién y qué eres.

¿Quién?: Hola me llamo Susana y soy una tejedora de sueños cuyo objetivo en la vida es ayudar a las personas que han dejado de creer en sí mismas.

¿Qué?: Soy una motivadora, la “Loca de las emociones”. Aquella que va a conseguir que sientas y no te avergüences de ello. Tu linterna, la guía de los topos que cavan y cavan para encontrar la luz.

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Un miércoles más, gracias sin vosotros yo no podría existir. 

Fotografías: Pixabay.com

Al otro lado del espejo

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Siempre he mantenido una relación muy especial con la mujer que vive al otro lado del espejo.

Lo primero que aprendes, o al menos ese fue mi caso, cuando te estás formando como coach es la imperiosa necesidad de la introspección. O, rememorando el símil que hice para mi tesis final, convertirte en un topo que vaya excavando y desbrozando los túneles de tu interior. Descubrir el coaching no ha sido más que el inicio de un largo proceso, podría decirse que fue la pala con la que comencé a cavar. Todo me vino dado como en una cadena y fui apuntalando mis túneles.

Poco a poco vas notando la transformación hasta que un día sacas tu cabecita de topo de entre los restos de raíces arrancadas, te sacudes el polvo de los ojos, miras al cielo y gritas a pleno pulmón ¡estoy preparada!

Es evidente e innegable que como coach, si no has recorrido “camino”, si no eres caminante, mal vas a poder servir de ayuda a quien te la solicite. Si ni tan siquiera sabes dónde se enciende la luz del farolillo ¿me quieres explicar como vas a alumbrar el sendero de otros?

Y yo, que siempre tengo que ponerte entre la espada y la pared. Que parezco sobrina nieta del famoso abogado del diablo. Yo, que siempre le tengo que dar la vuelta a todas las cosas y buscarle los cien pies al gato porque sólo le cuento cuatro patas, someto a tu consideración la siguiente pregunta ¿de verdad tiene que llegar el coaching para poner en valor el autoconocimiento personal como base, como pilar fundamental de la consecución de tus objetivos?

Susana, hija mía -fía si eres asturiano- a veces me desconciertas ¿estás segura que defiendes los beneficios de este tipo de procesos? -me preguntarás-. ¡Sí, por supuesto! -te responderé-, pero determinadas cuestiones de la vida, por tan básicas, no me gusta ponerlas al servicio o someterlas a la jurisprudencia de ninguna disciplina.

Me explico.

Hasta hace dos años yo desconocía las ventajas de recurrir a un coach. Es más, como os confieso en el apartado “Un poquito de mí” renegaba de esta palabra y todo lo que conllevaba. No obstante, mi relación con la mujer al otro lado del espejo era de vital importancia para mi supervivencia. Es decir, que ignoremos determinados temas o desconozcamos determinadas disciplinas no nos exonera de nuestras responsabilidades.

Esto es como el caso con Hacienda de una conocida cantante folclórica, ya fallecida, de este país. Ella no sabía que tenía obligaciones fiscales, ¡ay amiga pero las tenías y tuviste que pagar porque el desconocimiento de la ley no exime de ella!

A lo que vamos, que me despisto.

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¿Quién habita al otro lado de tu espejo? No, no te rías ni pienses que he enloquecido. Piénsalo detenidamente. ¿Crees realmente que todas las personas se sienten identificadas con lo que les devuelve cada mañana esa superficie pulida que habita en sus aseos? Es como una especie de Retrato de Dorian Gray, el reflejo del alma que no escapa al cruel escrutinio de los ojos de la conciencia.

¿Quieres ser eternamente joven y bello como Dorian y cubrir con una tela de falsedad tu espejo para no ver la realidad? ¿O prefieres afrontar tu propia esencia y vivir acorde a ese rostro real que no se esconde tras fastuosas máscaras venecianas?

Os decía al inicio que yo siempre he mantenido una relación muy especial con la mujer del otro lado del espejo. Es una relación de amor puro y sin condiciones.

Hace muchos años que decidí aceptarme, con mis virtudes y mis defectos. Quererme, amarme y respetarme. Hace años, que ella y yo nos sonreímos todas las mañanas. Nos conocemos bien, no hay secretos entre nosotras.

Me susurra: sabes que no eres perfecta, ¿verdad? Pero no importa, tus defectos te humanizan y te dan una razón a diario para mejorar. Lo importante, querida dueña de mi imagen, es que cuando apagues la luz y me dejes sola, sientas que no me quedo encerrada entre estas cuatro paredes, sino que yo soy tú y juntas formamos una unión indivisible.

Para avanzar, para recorrer los caminos, para sortear los obstáculos, para subir cimas, bajar abismos, enfrentar tormentas y cumplir objetivos necesitamos conocernos. Esa es la base del coaching. Pero para ser consecuentes necesitamos reconocernos, esa es la base de la honestidad.

No tengas miedo de tu reflejo.

¡Gracias por estar al otro lado de vuestras pantallas! Ya sabéis que yo, sin vosotros no podría existir   ❤

Fotografías de Pixabay.com

Esos locos adorables

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Quiero que el primer post oficial de mi blog sea un homenaje a todas esas personas anónimas que un día, sin previo aviso, aparecen de repente y por un motivo u otro te ponen la vida del revés.

¡Esos locos adorables!

Mi loco tiene nombre, se llama Héctor. Nos ciberconocimos, aún no nos hemos desvirtualizado, a través de La Nueva Ruta del Empleo -en “Un poquito de mí” os explico en qué consiste este proyecto-.

Sucedió un día de verano.

Héctor, me hizo un comentario precioso en uno de mis post “ruteros” yo a su vez le hice otro. En la contrarréplica me preguntó si creía en el destino y me dijo -cita textual- ¿Sabes lo que estoy haciendo ahora? Escribiendo el último capítulo de mi libro, estaba en un momento de reflexión y… has contestado a mi comentario justo en el momento que estaba buscando las palabras para expresar lo que quería decir, y gracias a tu comentario las he encontrado, así que… que sepas que vas a salir al final del mismo. ¡Gracias!”

Pasó el tiempo y me olvidé de este tema.

El 26 de octubre, recibo un correo electrónico con el siguiente asunto: Te necesito para el Blog-Tour de mi libro: “Cambia… para cambiar el mundo”. ¡Era Héctor! Nos contaba a unos cuantos ruteros y a varios amigos suyos, que había acabado de escribir su libro y saldría a la venta el próximo 24 de noviembre. Nos pedía ayuda, quería que fuésemos sus “Ángeles” y le ayudásemos en la difusión. ¿Cómo negarse en un proyecto tan maravilloso y fuera del mundo editorial tradicional? ¿Cómo no querer formar parte de la historia de un loco adorable que afirma “Yo no quiero ganar dinero… sólo quiero cambiar el mundo”?

Y así comenzó todo.

Mi objetivo no es convenceros para que compréis ni tan siquiera leáis el libro. Mi único afán es contaros una historia, y si esta os gusta que podáis decidir si queréis conocer o no el final.

No sé en qué momento le llamé por primera vez ese “Loco adorable”. La verdad es que tengo la enorme manía de poner apodos cariñosos a las personas. Supongo que fue el destino, que tampoco tengo muy claro si creo en él o no; pero a los pocos días tuvo lugar entre nosotros la siguiente conversación por “wasap” -lo siento loco, soy una indiscreta-. La primera que habla soy yo, luego sigue él y así sucesivamente:

.- Llevo desde enero trabajando mi marca personal en las redes sociales, en mi tiempo libre.

.- Me alegro que lo hagas.

.- “Sip” tengo que ayudarte a cambiar el mundo 😉

.- Noooooooo

.- ¿Ah no?

.- No. Vamos a cambiar el mundo juntos. Es distinto.

.- Valeeeee, entendidoooooo

.- Recuerda el video del bailarín, el loco -aquí aparece el nombre con el cual yo le llamaba y le llamo y me quedé, coloquialmente hablando, muerta “morida” del todo- trata a sus seguidores como iguales.

.- Uy ese no lo vi

.- Espera que te lo mando

 

¡Y exactamente de esto se trata: ¡”Cambia, para cambiar el mundo”!

Nos envió el libro en PDF para que lo leyésemos e ir dándole nuestra opinión y, si queríamos, divulgarlo en las RRSS. Y ocurrió, que sin ponernos de acuerdo ni tan siquiera hablarlo, sus “Ángeles” decidimos ejercer de productores de televisión y colgar en nuestros perfiles sociales pequeños cebos. Es decir, compartimos frases textuales, creamos entre todos un hashtag #Cambiaparacambiarelmundo, y poco a poco una atmósfera de curiosidad cubrió a todos nuestros seguidores.

Lo más impactante, es el hecho de que personas que no se conocen, más que de leerse al otro lado de la pantalla, y alguno ni de eso, conectasen de tal forma que Héctor consiguió que todos saliésemos a bailar con él.

El Loco Adorable, tuvo una genial idea que fue regalar los tres primeros capítulos de su libro. ¿Cuántas veces compramos una obra que al final nos resultó infumable y se quedó en la estantería, triste y olvidado? ¡Magnífica oportunidad de decidir si quieres invertir o no tu dinero y de hacerlo de una forma productiva! Porque al fin y al cabo de eso se trata, de ser lo más productivos posibles y que entre todos consigamos hacer palanca y mover este mundo en otra dirección.

Llegó el gran día, ¡qué nervios!

Todo estaba listo, se difundió el enlace de la librería virtual para los amantes del papel. Y en otras tiendas online como La Casa del Libro con la opción en Ebook, para los amantes de las pantallas.

Llegados a este punto pensaréis, Susanina, no nos has dicho nada respecto al contenido del libro. ¡Muy cierto y tampoco tengo pensado hacerlo!

¿Y eso? Sencillo, si no lo considerase útil, si no me hubiera gustado, si me hubiese parecido otro vendedor de humo, si hubiese creído que se trata de otro libro más que nos da la paliza con “si no consigues lo que quieres es porque no te da la gana, vago, menea el culo que todo es muy sencillo y está a tu alcance, ser inepto” no me hubiese molestado en compartirlo en mis redes. Tampoco lo hubiera comprado. No lo recomendaría. Y mucho menos le dedicaría el primer post de mi blog.

Tengo ciertas normas en mi vida, una ética que me inculcaron mis padres y es que me niego a formar parte de ese nuevo movimiento de “postureo” surgido en el mundo 2.0. No hago ni digo nada por quedar bien. Es más, en mis escritos en ocasiones soy bastante incorrecta. Eso sí, con mucho amor, sentido del humor y educación, o al menos lo intento y pido perdón de antemano si alguna vez no lo consigo.

¿Entonces, por qué tenemos que comprar el libro?

Básicamente dos motivos muy sencillos -¡mira que me gustan a mí las cosas sin artificio-. Uno porque os haya picado la curiosidad la historia que os acabo de contar. Y dos, y más importante, porque os hayan gustado los tres primeros capítulos que os comparto al final de este post.

Voy finalizando.

Explicar que no se trata de un final sino de un seguido. Para Héctor y todo lo que le queda por recolectar como buen agricultor que es y para mí con este que va a ser mi blog definitivo.

Sólo me resta daros las gracias por leerme al otro lado de vuestras pantallas.

¡Yo, sin vosotros no podría existir!

Enlace a los tres capítulos gratis ¡Sí quiero leerlos!

Me has motivado ¡Quiero el libro!

La herencia del amor

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¡Hola Papi!

Hace exactamente diez días, cuatro horas y cuarenta y seis minutos que el cielo reclamó a su precioso ángel de ojos grises.

Te echo mucho de menos, pero no quiero que te pongas triste, aquí abajo todos estamos bien.

Mamá te extraña mucho, pero estamos muy orgullosos de cómo lo ha afrontado. Como ella dice, se portó muy bien en tu despedida y ahora, a los ochenta años, se ha independizado y sabe valerse por sí sola. ¡Nunca es tarde papi!

Fue duro para ella la verdad, pero estuvo muy arropada y cuidada así que quédate tranquilo. Sobre todo por Paula, es lo bueno de tener una enfermera en la familia. ¡Bueno, fíjate que le hacía más caso a ella que a nosotros!

Tus nietos también estuvieron al pie del cañón. Alba y Sara, atendiendo a todos los que iban a despedirte; y Borja, te ayudó a bajar de la Iglesia. ¡Quién te iba a decir a ti que te sujetarían los brazos de tu galleguín!

Quería saber de ti y contarte lo que ha pasado estos últimos días.

Fue todo muy inesperado, nunca nos paramos a pensar que allá arriba estarían tan celosos como para llevarte de golpe, pero puedes estar orgulloso de tu familia, lo supimos encajar con mucha elegancia y dignidad, como tú nos enseñaste.

Yo sé que estabas allí, viéndolo todo y fumándote un “piti” como dice Alba, así que pudiste ser testigo de lo mucho que te quería todo el pueblo. Tus compañeros de trabajo estaban muy afectados, nos contaban que eras como un padre, nada extraño puesto que son de la edad de mis hermanos. Que siempre eras tú el que los protegía y cuidaba. Es curioso descubrir tantas cosas de tu padre justo cuando ya no está para hablarlas con él.

Tus amigos contaban historias de juventud y tus nietos sonreían al escuchar cómo ibais por Grao tocando la guitarra y cantando. Tus compañeros, se reían con la anécdota de cuando tu jefe no te hacía caso con la hernia y te bajaste los pantalones con toda tu mala leche.

Sabes, se creó un clima muy curioso. Una nube de tristeza cubrió el cielo desde que te marchaste pero a la vez, se sucedían las anécdotas que dejaban muy claro que fuiste un hombre como hay pocos. Un paisano de los pies a la cabeza. ¡No, no sonrías avergonzado, sabes que es verdad! Poco a poco, con todas las visitas y las palabras de consuelo se fue construyendo la historia vital de una persona que ha dejado una huella muy profunda.

Como hija, es un enorme orgullo escuchar aquello que mi corazón siempre supo. Que fuiste un pequeño gran hombre. Que todos los valores que nos inculcaste están marcados a fuego en quienes tuvieron el enorme placer de conocerte. Cariñoso, amable, educado, discreto, trabajador, enamorado de su esposa, con una inteligencia privilegiada, simpático, bromista, de enormes principios… Sí, no lo digo yo, otros fueron los que así te describieron.

Nadie se podía creer que ya no te verían más con tu visera, tus gafitas -las tengo yo guardadas- las manos a la espalda, y ese caminar tan tuyo. Con tu sonrisa socarrona y ese brillo malvado de ojos cuando gastabas una broma.

A mí se me hace extraño no volver escucharte llamar amanecer a Alba, o preguntar si queremos un “cura asao” con el café. Tu ¡equilicua!, “voy ponete un gueyo morao”, o el ya famoso soniquete de Manolín “Probe vieyu cargao de fíos y con la muyer joven”.

He decidido que te voy a recordar con alegría. Vale que cuando veo un señorín por la calle se me nubla la vista, pero recuerdo una frase que me dijo una gran mujer que no conociste. Se llama Elena Arnaíz, ella tiene un precioso ángel y lo que me explicó fue que vosotros, nuestros ángeles, estáis dándonos fuerza, que a veces falla pero sólo es porque no escuchamos bien; así que cuando el corazón amenaza inundación visualizo estas palabras tan bonitas y abro bien los oídos.

Ahora que lo pienso, no dejo de recibir frases de aliento preciosas. Hoy un compañero de trabajo de Ricoh, sí lo de las impresoras que vendía antes, me dijo que quizá me sonase mal pero que intentase hacer del duelo algo bonito. ¿Viste que guapo? Y eso mismo hago. Por eso te escribo.

Me he propuesto recordarte con alegría. Con gratitud por haber tenido un padre como tú y disfrutarte ochenta y siete años. Porque soy lo que soy gracias a ti. A tu ejemplo. Nunca me di por vencida, esa palabra no constaba en tu diccionario. Luchando siempre por los tuyos sin importar la edad.

Y así te veo. En el taller cuando me dabas una Coca-Cola. En casa cuando llegabas a comer y corría como una loca gritando a lanzarme a tus brazos. Paseando de tu mano por la plaza. Mirándome fijamente cuando estabas ahorrando para comprar el coche, y yo te pedía un chicle y me decías ¿el coche o el chicle?, y claro me lo comprabas, ¡no podía ser de otro modo!

Recuerdo la Navidad en casa de la abuela. El enorme abeto que traías del monte que llegaba hasta el techo. El musgo natural que colocabas en el Belén y como lo humedecías para que no se estropease. A ti con aquella navajita de mango de nacar, cortando cables y ensamblando las luces. Las piedras, las figuras, el papel de aluminio como si fuera un río.

Recuerdo los escaparates que montabas para Reyes en la tienda de la abuela. Dejabas las ventanas abiertas y se veían de noche todos los muñecos y juguetes iluminados. Para los niños del barrio aquello era el paraíso papá, no sé si alguna vez fuiste consciente de ello.

Recuerdo cuando me bañabas y con la toalla frotabas tanto la cabeza que me quedaba el pelo seco, liso y moldeado. Y ojo, que este recuerdo es compartido con el número uno, el dos y la tres, no es cosa mía; así que no me llames exagerada.

Recuerdo, esto entre tú y yo, cuando a mamá no le gustaba que me subiera a la moto de quien tú sabes y me decías: calla, vete y no le digas nada pero vuelve entera.

Recuerdo como me ayudabas con los ejercicios de física del insti. Un padre que tuvo que dejar de estudiar a los trece años para trabajar y ayudar a su madre viuda. Un hombre del Renacimiento y conocimientos de física, matemáticas, electricidad y una eminencia en historia, sin estudios. Bueno, sin papeles de esos que no valen para nada y según ellos tienes un título u otro. Un padre con un cerebro tan bien amueblado que hasta los ingenieros le pedían consejo en el taller. Y no me lo saco de la manga, no te quites importancia que parece que te estoy viendo, lo contaron con orgullo tus compas.

En fin, que te llevo en mi corazón. Mi pequeño ángel de ojos grises. O verdes, dependiendo de la intensidad del sol y de la luz.

Bueno, vamos a dejar de hablar de mí.

¿Qué tal tú allá arriba? Seguro que en estos diez días ya sacaste la caja de herramientas y engrasaste la puerta, le arreglaste el llavero al de la barba, dibujaste nuevas formas de nubes y le hiciste un trono de hierro al Jefe. Por cierto, hablando de jefe. Que igual ya lo has visto, pero que en Estados Unidos ganó Trump. ¡Cómo lo oyes papi! Sí, sí ese mismo. Entonces, que te digo yo, que ya que estás ahí, igual era bueno que sacases la llave inglesa del quince y le aprietes las tuercas al celoso ese que te llevó con él, porque me parece que las tiene un poco desajustadas.

¿Te dejan fumar? ¿Y con quién vas a tomar el vinín de tarde? Aquí abajo hay un hombre que te echa mucho en falta, después de tantos años ha sido un golpe muy duro para él. Te quería mucho papi. A ver si le puedes mandar un poco de fuerza.

Me acabo de acordar de una cosa y no quiero ponerte triste porque sé que me estás viendo llorar, pero ¿a quién voy a hacer de rabiar frotándole la calva? ¿Viste que tonta? ¡Me pongo a llorar a última hora como una Magdalena porque me he dado cuenta de repente que no podré volver a tocarte esa cabezuca tan brillante! Con lo que a ti te prestaba. Siempre lo mismo, años y años la misma escena: “ayyyy que cabecina tan guapa, voy a sacarte brillo” Y tú, haciéndote el ofendido “quita tonta” mientras me mirabas con cara de felicidad.

Bueno ya sabes que llorar es muy sano, y no pasa nada. Es bueno dejar que la melancolía brote de los ojos y caiga como ríos de desconsuelo por toda la cara. No se llora por quien no se añora.

Te quiero y siempre te querré. Te admiré y seguiré haciéndolo. Continuaré siendo la tu Susanina. No perderé mi sentido del humor, sobre el todo el más negro heredado de ti. Cuidaré de mamá. Y seguiré con mi vida, te lo prometo. Ya sabes por donde voy. He aprendido, o me he dado cuenta con tu imprevisto viaje, que la vida es como una bujía, como esa pequeña explosión que arranca el motor. De pronto todo puede cambiar. Espero que no hayas tenido que irte para darme cuenta de todas esas cosas que estás leyendo en mi cabeza. No se las cuentes a nadie, que queden entre tú y yo. He aprendido la última lección que me has dado y verás desde esa nube que lleva tu nombre, que agarro pico y pala y rompo esos muros. Por ti.

Cuídate mucho y dale un poco de guerra al Paisano ese de ahí arriba que me tiene muy enfadada.

Cada quincena finalizo mis post con una canción. Hoy como mis palabras son tuyas, la canción también. Una asturiana, de las que te gustan.

Fotografía: Pixabay.com

Enlace original: http://www.lanuevarutadelempleo.com/Noticias/la-herencia-del-amor

Mandalas como terapia en la tercera edad

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“Amamos las catedrales antiguas, los muebles antiguos, las monedas antiguas, las pinturas antiguas y los viejos libros, pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral y espiritual de los ancianos”.

Lin Yutang

 

Mandala es un término de origen sánscrito que significa círculo, se trata de una representación geométrica que tiene distintas interpretaciones según la forma, color, material y la cultura que lo representa. Es decir para los budistas tiene una determinada significación y otra distinta para los indios nativos americanos. Lo que todas estas civilizaciones tienen en común es esa esencia sagrada que rodea a los mandalas.

Yo no soy ninguna experta, así que la explicación que os doy es la que me “llegó”. Os explico.

Escuché esta palabra por primera vez hace dos años, cuando estaba haciendo la certificación como coach, de la boca de quienes hoy son no sólo dos amigas sino dos seres excepcionalmente importantes en mi vida por todo lo que trajeron a mi vida: Paz y Elena.

Conservo la imagen muy nítida en mi retina. Paz venía a clase con un libro de Mandalas de Dulieta Díaz-Faes. Nunca había visto aquellos dibujos tan curiosos ni escuchado ese término “Mandala”, suena bien, me dije.

Trataron de explicarme, -la verdad es que llevan dos años tratando de explicarme muchas cosas, unas las entiendo y otras las respeto hasta que llegue el día en el que también las puedas comprender- qué eran estas formas geométricas, que significaban, qué valor tenían, pero era como si me hablasen en otro idioma. Más allá de admirar su estética, cualquier otra cosa era incomprensible para mí.

Llegó el verano y Elena me contó, que la autora del libro que Paz nos había enseñado, iba a hacer un sábado por la mañana un taller de introducción a los mandalas en Gijón. Así que para allí me fui, con ella, su hija Nora y muchas más personas.

Llevé mis pinturas, lápiz y goma y me senté a escuchar.

Ese primer contacto fue tan “brutal” que me pasé el resto del sábado tirada en el sofá con la cabeza como un ordenador de esos viejos de hace años, que gruñen, crujen y se quejan tratando de descodificar, interpretar y procesar la información que algún “tecleador” les ha introducido. Tal cual era como me sentía yo. Eso sí, curiosamente relajada después de haber estado una hora coloreando un Mandala de diseño propio de Dulieta.

Pasó el verano, el otoño y llegó el invierno.

Susana, ¿qué Elenina de mis entretelas? Dulieta organiza unos talleres en Oviedo, ¿nos apuntamos? ¡Nos apuntamos!

Y sucedió lo que tenía que suceder los Mandalas, explicados por la dulce y serena voz de Dulieta llegaron a mi vida. Nos explicó su historia, las distintas interpretaciones que se le pueden dar según de qué parte del mundo estemos hablando, su simbología, técnicas… Si queréis conocer más os recomiendo su página web www.mandalacocreativo.com

Aprendí de la mano de esta gran Maestra, así es como se denomina a las personas conocedoras en profundidad de este arte, la importancia que tiene el corazón frente a la posición del dibujo, girarlo siempre en el sentido de las agujas de reloj para que, digamos en mis propias palabras -repito que todo os lo explico en el modo en el que yo lo entiendo, cuando sea información literal os pondré entre paréntesis la fuente original)- que el proceso mismo de coloreado y/o creación vaya acompasado al propio ritmo cardíaco.

Aprendí que se puede comenzar a colorear desde el centro hacia afuera, o viceversa. Lo que más cómodo te resulte, lo que te sugiera la hoja que tienes delante, lo que te pida tu mente. Cada opción sería una forma de trabajar bien tus propias emociones hacia el exterior o por el contrario, conectar con tu yo interno. Personalmente, mi obsesión con la gestión emocional me lleva a pintar o crear siempre desde el centro hacia afuera. Y tal y como Dulieta me enseñó, marcando con un pequeño punto o cruz, en la parte superior central del folio, cuál es el sentido de mi diagrama.

Aprendí a no obsesionarme por los colores. No es cuestión de que quede más mono o que el rosa combine muy “cuqui” con el gris. Se trata de dejarte llevar, relajarte, concentrarte en lo que estás haciendo y que seas capaz de establecer una especie de comunión, llámala sagrada o cómo quieras, con lo que estás haciendo. Que tu cuerpo vaya perdiendo esa rigidez propia del estrés, que tu cabeza se calle un ratito, que te evadas a un lugar en el que no hay nadie, no existe el tiempo ni los problemas, sólo un papel, colores y tú.

Os puedo asegurar, que para alguien a quien le es tan difícil acallar sus pensamientos, que siempre estoy en modo centrifugadora y que me cuesta un verdadero triunfo ser capaz no ya de meditar, que a veces lo intento, sino sencillamente dejar mi mente en blanco, este descubrimiento se ha convertido para mí en una verdadera terapia. Paso tardes de sábado, de esas épocas en la que mi corazón cualquier día pide la baja por estrés, en las que me pongo a dibujar mandalas -yo, ya pasé a la siguiente fase, ahora los creo. A mi manera, pero los creo- y llega la noche y la madrugada y sigo. No pienso, no existo, no soy yo. Soy dos manos que danzan sobre una pista de baile en blanco. Soy la que sosiega su respiración, la que abre grandes claros en su cabecita, la que es capaz de contar por fin los latidos del corazón sin salir corriendo para urgencias -es broma-.

Y tras esta larga pero necesaria introducción vamos al tema de hoy.

Hace unos pocos días mi madre cumplió ochenta años. Pensé que me gustaría regalarle algo significativo. Me explico, cuando hago regalos no soy de gastar mucho dinero, primero porque no me lo puedo permitir y segundo porque creo que es muy fácil. Yo suelo pensar en la persona a la que va destinado, tiene que ser muy personal y expreso para ello. Así que me puse a pensar, ¿qué le puedo regalar a mi madre en esta fecha tan importante?

Ella, de alguien lo tuve que heredar, es una persona con la cabeza en continua ebullición. Siempre está preocupada por nosotros, sus cuatro hijos, y lo que verdaderamente necesita es poder apaciguar su mente. Así que me dije, Susana le tienes que comprar a Pilina un libro de Mandalas para colorear. Y eso hice.

Busqué uno con los dibujos lo suficientemente grandes para que su pulso no fuese un inconveniente. Le compré la caja de pinturas más grande que encontré, lápiz, goma y afilador. Y allá que me fui toda contenta a su casa.

Decidí no explicarle demasiado, mi intención no era que se liara o se preocupase, sino que simplemente pudiese ser capaz de evadirse de todos sus pensamientos y recuperar un poco de sosiego. ¿Qué hago?, me preguntó. Tú solo pinta mamá, como te apetezca, sin más.

Pasaron unos cuatro días y me preguntaba si el libro estaría olvidado en algún rincón del salón, así que la llamé.

. -Hola mami, ¿Qué tal vas con los mandalas, coloreas alguno?

.- Uy sí, ¡voy a dos al día! Uno por la mañana cuando acabo las cosas de casa y otro por la tarde.

Aquí fue cuando se me quedaron los ojos como el emoticón del WhatsApp que los tiene abiertos como platos. Yo esperando -mal pensada que es una- que mi madre hubiese pasado de mi regalo, y ella gastando pinturas a lo loco.

Me contó que se relajaba mucho, que no pensaba en nada, que lo único que le venía a la mente era cómo tenía que pintar los mandalas -cuestión que me llamó poderosamente la atención, ya que es totalmente cierto, que durante el proceso tú sientes que te va “llegando” información sobre cómo tienes que hacerlo, pero en ningún momento le expliqué nada de esto.

. -Tienes que venir, para ver si lo estoy haciendo bien.

. – Claro que sí mamá, seguro, tú hazlo como lo sientas.

. -No, no yo quiero que los mires y me digas que opinas, porque tu padre me dice que están muy bien.

. -Pues si te lo dice papá….

. -No me vale, para él todo lo que hago está bien (bendito amor)

Y fui y había pintado doce mandalas en siete días. Pero no sólo se había ceñido a colorear, sino que al igual que hago yo -vuelvo a repetir que no le expliqué absolutamente nada– había añadido dibujos, convirtiendo por ejemplo parte de los diseños geométricos en caracoles o flores.

No es ningún secreto que dibujar o colorear mandalas es una herramienta muy poderosa que se utiliza tanto en niños como adultos y por razones tan diferentes como las siguientes:

Beneficios de los mandalas (Terapias Tianchi)

  • Son un elemento de apoyo en la meditación.
  • Fomentan la paciencia.

  • Despiertan los sentidos.

  • Fortalecen nuestra capacidad de concentración.

  • Puedes deshacer bloqueos y tensiones internas.

  • Reducen el estrés y produce una sensación de bienestar general.

  • Entrenan la memoria.

  • Desarrollan la creatividad.

  • Ayudan a desconectar de las preocupaciones diarias.

Utilizados en la tercera edad, como ha sido el caso de mi madre, conseguimos no solo desarrollar o mantener la creatividad, entrenar la memoria o reducir el estrés, sino que se convierten en un nexo de unión entre nosotros y nuestros padres. La cara de felicidad de mi madre de mira lo que he hecho, y cómo me alegro que te guste y de mi padre -87 añazos el buen hombre- al ver a su esposa contenta y feliz no tiene precio. Pero ninguno. Nada en este mundo es capaz de pagarme el haber visto a mis padres tan orgullos él de ella y ella de sí misma. De compartir hobby conmigo, con su hija pequeña -el mimín de la casa- hablar el mismo idioma, intercambiar opiniones.

Y por eso hoy quería dedicar a mi madre este post.

Porque te quiero, aunque discutamos.

Porque te quiero, aunque te diga cosas que no te gustan y te enfades conmigo.

Porque te quiero y a veces te lo digo muy poco.

Porque te quiero, respeto y admiro por todo lo que papá y tú habéis hecho y seguís haciendo por mí.

Porque te quiero por tu capacidad para intentar superarte y ser mejor día a día.

Porque me encanta verte feliz con tu caja de pinturas y tu libro de mandalas.

En fin, porque me da la gana dedicártelo y sé que te va a gustar y emocionar.

Y por eso también te dedico hoy el video musical con una de esas canciones que tan bien cantas -aunque tú digas que no, a mí siempre me ha tranquilizado mucho escucharte cantarAntonio Machín, “Madrecita del alma querida”

Por cierto la fotografía, son algunas de las creaciones de mi madre, ¡para que todo el mundo las vea!

A vosotros, como siempre muchas gracias por estar al otro lado de la pantalla.

Enlace original: http://www.lanuevarutadelempleo.com/Noticias/mandalas-como-terapia-en-la-tercera-edad

Motivación y marca personal

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“La marca personal enlaza tus pasiones, tus atributos clave y tus fortalezas, con una proposición de valor, dejando claro lo que te diferencia de los demás”

Tom Peters

En este post quiero compartir con vosotros el guion que escribí para el taller sobre motivación y marca personal que impartí en Oviedo el pasado 5 de octubre en la jornada “Hacia la Nueva Ruta del Empleo” organizada por el Ayuntamiento de Oviedo, EmpleOviedo y La Nueva Ruta del Empleo.

Tuve la enorme suerte de que mi compañera Carla García-Mori impartiese antes su taller “ Cómo afrontar una entrevista de trabajo” y sin ninguna saber nada de lo que la otra iba a hacer, ambas ponencias se convirtieron en un todo, de tal forma que sólo tuve que adaptarme a lo que ella había explicado con anterioridad. No me lo podía creer cuando la escuchaba, era como si el Cosmos se hubiese puesto de acuerdo para poder dar dos puntos de vista, el del profesional de los Recursos Humanos que es Carla, y el de la persona que está al otro lado que soy yo.

Sin más, os dejo con mi borrador.

Motivación y marca personal, dos palabras en boca de todo el mundo ultimamente.

Vamos por la segunda. La mayoría de todos nosotros, yo misma hasta hace nada, asociamos marca personal con empresa o emprendedor. Es decir, la seña de identidad de un determinado profesional sea del sector que sea, pero que cotiza a autónomos, por decirlo de una forma que nos entendamos. ¿Quién es, qué hace, cómo lo hace, qué le distingue.

¡Pues muy mal, estamos equivocados!

Y ahora vuelvo a la primera. ¿Qué es motivación? Yo la voy a definir de forma muy sencilla. Quizá no sea una frase para bordar a punto de cruz y enmarcar, pero lo importante aquí es hablar claro. Motivación es ni más ni menos que aquella fuerza que te impulsa a hacer algo. Punto, no hay más. Y como todos somos pequeños universos paralelos que habitan en otro más grande que nos engloba y hasta engulle de vez en cuando, pues cada uno tendrá su propia motivación: ganar dinero, superar un problema, ser feliz, ser consecuente con su filosofía de vida, o sencillamente ¡sobrevivir!

Y entonces Susana, me preguntaréis ¿qué es marca personal? Contesto igual de sencillo que antes: marca personal es la forma que tienes de realizar lo anterior. Como dice Eva Collado, ¡marca, eres tú! Lo que te apasiona, lo que se te da bien, lo que te hace feliz, lo que te diferencia del pequeño universo sentado a tu lado en la sala de espera donde guardáis turno para una entrevista de trabajo.

Por ejemplo, voy a ejercer un poco de ombligo del mundo y contaros que lo que a mí se me da bien, según dicen las malas lenguas, es contar historias, lo que ahora se denomina Storelling.

Así pues os voy a narrar una fábula. Porque lo que pretendo no es dar una clase magistral de Motivación y Marca Personal. Yo soy mucho más ambiciosa, mi objetivo es proporcionaros algo en lo que meditar. Abrir vuestra mente a la interrogación, que en los próximos días os pique la curiosidad y os pongáis a investigar, a indagar sobre vuestra marca.

La fábula se llama Vida y Milagros de una bola de nieve.

Una de las preguntas más repetitivas en una entrevista de trabajo, y de las más complicadas de afrontar a mi juicio es: ¿Dime quién eres, háblame de ti? Y yo, por fin he encontrado la respuesta, mi respuesta y quizá la vuestra.

¡Soy una bola de nieve!

Una bola de nieve nace siendo pequeñita, el tamaño de tu palma de la mano. Luego la posas en el suelo, la vas rodando y va ganando en tamaño.

Depende del terreno, del tipo de vegetación que la nieve oculte, al ir creciendo irá nutriéndose de todos esos componentes. Es lógico entonces que no sea igual una bola de nieve de los Alpes que otra que hagas en el Himalaya, similares en apariencia y ambas hechas de nieve, pero distintas en esencia.

¡Como nosotros!

Al nacer todos somos una tábula rasa, pero a medida que vamos creciendo y nutriéndonos de nuestro entorno, vamos singularizándonos. De igual modo la bola irá creciendo más y más, cuanto más la ruedes, más aportaciones le dará el terreno.

Cuantas más motivaciones tengamos por rodar, más grandes en experiencias nos iremos haciendo.

Pasa el tiempo se acaba el invierno y sale el sol. La bola de nieve comienza a deshacerse, devuelve a la tierra todo aquello que esta le fue dando para que el próximo invierno otras bolas de nieve se puedan nutrir de ello.

Llegar a la vejez no es morir, es ir sembrando toda aquella sabiduría adquirida con los años, en las generaciones futuras, devolvemos lo que un día nos fue dado.

La nieve es fría, te puede decir el entrevistador. Sí y yo también, frío para tomar las decisiones más adecuadas en cada momento y circunstancia. Dúctil como la nieve para amoldarme a los nuevos tiempos. Abierto a nuevas experiencias para ir creciendo, como la bola que cuesta abajo va ganando tamaño. Generoso para compartir y devolver lo que se ha dado cuando llegue el verano de mi vida y el sol me transforme de nuevo en agua.

Así pues ¡sed una bola de nieve!

¿Cómo lo hago? ¿Como descubro que me diferencia de otros? No es fácil, cuesta un poco arrancar pero tampoco resulta imposible. Pide ayuda a tu entorno, a tu familia, amigos, conocidos. A tu pareja o amante. A tus hijos. A todos aquellos que te conocen bien. Diseña una batería de preguntas cuyas respuestas te definan para así poder crear tu perfil, conviérte en un especialista del FBI en perfiles. Preguntas sencillas como por ejemplo:

  • Defíneme en una palabra

  • Defíneme en una emoción

  • ¿Qué es lo que más te gusta de mí?

  • ¿Qué se me da bien?

Pero siempre preguntas en positivo, no le des a tu cerebro la oportunidad de boicotearte. Recuerda que todo lo que digas él se lo toma al pie de la letra.

Contesta a tus propias preguntas y confróntalas con las que te dieron. ¿Se parecen? Extrae conclusiones.

Luego, pregúntate a ti mismo, qué es lo que te hace feliz, con qué te sientes completo, qué te gusta.

Lo más importante es que tengas mucha paciencia, la marca personal requiere tiempo. No desesperes.

Sé tú mismo, eso marcará la diferencia.

Cree en ti. Piensa que cuando estás en una entrevista se trata de un acto bidireccional, se necesita intencionalidad en ambas partes. Nunca olvides que tu objetivo es ser el elegido, pero ¡ojo! a la inversa ha de suceder lo mismo, ¡tú también tienes que elegir a la empresa! Es una “compraventa” en la que ambas partes han de estar de acuerdo en las condiciones.

Para terminar, sigue indagando, aprendiendo. Conserva intacta tu curiosidad. Recuerda que la bola de nieve rueda y rueda y con cada giro aumenta su tamaño.

¡Alimenta y nutre día a día tu marca personal!

Como siempre y por siempre ¡gracias por estar al otro lado de la pantalla!

Fotografía: Frody González

Enlace original: http://www.lanuevarutadelempleo.com/Noticias/motivacion-y-marca-personal